lunes, 13 de abril de 2015

Cuaderno de bitácora. Día centésimo tercero del año estelar de 2015.

Me apeo del autobús. Son más de las once, una vez más. Estoy cansado. En noches como hoy, me gusta bajarme una parada antes y caminar despacio esos cien metros que separan una estación de otra, envuelto en esa farsa de silencio que produce Madrid, que en realidad nunca calla, mientras me fumo un cigarro.
Me parece escuchar una flauta. Al otro lado del río. Busco con mis ojos pequeños y fatigados, como si los ojos pudieran atrapar la melodía. Hay un tipo que marcha por la otra orilla. Y toca una música lenta y sincopada. Me gusta.
Anda a trancos largos. Debe ser más joven y más ligero que yo. Calculo que, si al llegar al puente gira, nos encontraremos al final de la pasarela. Lo deseo. Y sucede.
Se deja ver cruzando. Tendrá veintipocos, alto, moreno, con una mochila y una flauta plateada que sopla con los labios y acaricia con los dedos. Tiene mucha más prisa para caminar que para hacer sonar el instrumento.
Se me aceleran los pasos vacilantes de hombre desanimado, para no perder distancia con él. No, no con él. Con el sonido que crea. Mis piernas cortas multiplican el ritmo. Él sigue andando con zancadas decididas.
Me acuerdo de repente del flautista de Hamelín. Rebasa el cruce y sigue recto. Mi costumbre me hace torcer a la derecha. Se pierde la música con él, entre las sombras que le dibujan las farolas.

Llego al portal sin saber si soy un niño o una rata. 

domingo, 12 de abril de 2015

Cuaderno de bitácora del día centésimo segundo del 2015


Tengo problemas con la autoridad. No me refiero a la cuestión civil. Me refiero al sentido de la autoridad. Y no porque yo sea un rebelde sin causa, un díscolo recalcitrante o un inadaptado social. Bueno, lo último igual sí, pero por otros motivos.
Mis cuitas sobre la autoridad son más bien inversas. No consigo, ni en la mejor de mis interpretaciones, representarla. Mis hijos han conseguido metaforfosearme en el auténtico y genuino “pito del sereno”, lo que representa que cualquiera de mis indicaciones termina con la sensación de que decirles nada es como tener un tío en Alcalá, que es no tener tío ni tener ná. En román paladino, no hacen ni el huevo.
Aunque hago memoria y me parece que esto ya lo he vivido yo, pero en pasiva. Con mi padre. A mi madre, que deja a Agustina de Aragón convertida en una dulce y pusilánime doncella cuando es menester, no me he atrevido nunca ni a toserla. Pero a mi padre le escuchaba a veces como un remoto rumor, ininteligible. Lo que pasa es que, cuando quería algo, me doblaba el brazo por el cariño. Un chantaje emocional con alguien tan cariñoso como mi padre no lo resiste ni Chuck Norris.

No sé si esto se hereda, se aprende por imitación o es una pura cuestión de suerte. Pero voy a tener que empezar a trabajarme las caras de tristeza y decepción. Por si cuela.

sábado, 11 de abril de 2015

Después...

Después de gritar a los cuatro vientos que se atrevía a bailar con el diablo a la luz de la luna, de retar a ángeles y demonios, de saltar desde el borde del acantilado hasta el mar embravecido, de jactarse de que jugaba a la ruleta rusa con cinco balas en el tambor del revólver, de blasfemar a voces, de desafiar a los vivos y a los muertos, de jurar falta de respeto eterna a cualquier autoridad divina o humana, de crecerse a la sola mención de lo sagrado, de romper los códigos morales y aventar los restos, de viajar sin rumbo, sin destino, sin meta y sin fin, de fundir las cadenas que le unían a familia y amigos, de cortar de un tajo los lazos con todo aquello que representase convencionalismo, de relativizarlo todo hasta reducirlo al absoluto.

Después de asesinar los sueños con nocturnidad y alevosía, de arrancar de raíz los árboles y las plantas, de dispararle a todo bicho viviente que se cruzase en su camino, de extirpar sin anestesia sus fibras sensibles, de dejar pudrir su alma en vodka barato, de exterminar las esperanzas, de masacrar sin piedad sus ilusiones y las ajenas, de rebañar los restos de los sentimientos del fondo de su corazón.

Después de triturar cualquier atisbo de altruismo, de someter las voluntades a su caprichosa voluntad, de poner boca abajo todos los crucifijos, de incinerar hasta las cenizas el más mínimo síntoma de humanidad, después de alcanzar el triunfo dejando en el trayecto un millón de cadáveres.

Después de todo esto...va y se muere, el muy gilipollas.


Moraleja: ya que te vas a morir igual, haz felices a los que te rodean, tonto del culo...

domingo, 5 de abril de 2015

CASCADAS DE MADRID (Y SEGOVIA)

     Ahora que llegamos a la primavera, la época del año en que los arroyos llevan más caudal, propongo una combinación de cinco rutas de senderismo, todas de corta duración y de baja dificultad, cercanas entre sí, cuyo objetivo es llegar a sendos saltos de agua, además de disfrutar de bellos recorridos.
   
Cascada de abajo
     Tres de ellas están en el Valle del Lozoya: las cascadas del Purgatorio en Rascafría; la cascada de Mojonavalle en el puerto de Canencia; y la cascada de San Mamés, cercana al pueblo del mismo nombre. Otra está cerca de Lozoya, en la cara segoviana del puerto de Navafría, y la última se encuentra un poco más retirada hacia el norte, en el puerto de Somosierra. Solo se requieren cortos desplazamientos en coche para llegar a los respectivos inicios de cada ruta, siendo éstas, como ya dijimos, cortas y fáciles, con lo que se podrían hacer todas en una jornada bien aprovechada desde temprano, o bien, si se prefiere, más tranquilamente en distintos días.

     Empezamos en Rascafría, concretamente junto al Monasterio del Paular, donde aparcaremos el coche. Nos disponemos a realizar la ruta de las Cascadas del Purgatorio, cuyo inicio está en el llamado Puente del Perdón sobre el río Lozoya, justo enfrente del monasterio, al otro lado de la carretera, donde cogemos la pista forestal que lo cruza. Al principio, a nuestra derecha, veremos la famosa área recreativa de Las Presillas, magníficas piscinas naturales muy concurridas en verano.
   
Cascada de arriba
     Siguiendo la pista en suave ascenso, iremos viendo distintos carteles indicadores de las cascadas, por lo que no hay pérdida. Señalizado está también el desvío a la izquierda en el que abandonamos la pista para coger otro camino más estrecho y empinado, aunque en breve se torna en descenso hasta llegar al río Aguilón que, junto con el río de la Angostura, acaban formando el río Lozoya poco más abajo.

     Cruzamos el Aguilón por el puente de madera, para girar a la derecha y subir aguas arriba por la senda, bien marcada, sin pérdida ya hasta llegar al mirador que hay delante de la primera cascada, de no mucha altura pero de gran caudal incluso en verano. Desde El Paular habremos tardado poco más de una hora (tiempo muy relativo según cada cual).

     Un poco más arriba de la primera se encuentra la segunda cascada, de mayor altura y belleza, pero para llegar a ella tenemos que subir por entre las piedras de la izquierda hasta llegar a un espolón rocoso donde tendremos que ayudarnos de las manos para atravesarlo, lo que conlleva cierto peligro, por lo que no es recomendable para niños, ni tampoco para adultos que no lo vean claro. En cualquier caso, llegando solo hasta la primera cascada, el paseo ya habrá merecido la pena.

     Regresamos, y llegados de nuevo al puente de madera sobre el río Aguilón, en vez de cruzarlo para volver por el mismo camino, podemos optar por continuar por la margen derecha del río, siguiendo la senda que, sin pérdida alguna, nos conducirá al área recreativa de Las Presillas. Una vez en el monasterio, inicio y fín de la ruta, habremos recorrido unos 12 kmts. e invertido de 3 a 3 horas y media. Conviene apuntar que ésta es la ruta más larga, siendo el resto muchísimo más cortas: más que rutas son paseos.
   
     Nos dirigimos ahora en coche hasta el pueblo de Lozoya, donde cogemos la carretera de Navafría, pasaremos por el puerto del mismo nombre, que hace de límite provincial entre Madrid y Segovia, y poco antes de llegar al pueblo sale una carreterilla a la izquierda, con indicador de madera, que nos lleva al área recreativa de "El Chorro", donde hay piscinas naturales, chiringuito (en verano) y tirolinas. Dejando el coche junto a éstas, veremos un cartel de madera que nos indica la senda que nos lleva a la cascada que forma el Arroyo del Chorro, por cuya margen izquierda iremos durante aproximadamente un kilómetro y medio hasta dar con ella.

     Quedaremos impresionados por este espectacular salto de agua, tanto por su altura como por su gran caudal, sobre todo ahora en primavera. Para no volver por el mismo camino, podemos regresar por la margen derecha del arroyo, cuya senda nos devolverá de nuevo sin pérdida alguna al área recreativa, habiendo invertido entre la ida, la vuelta y un rato de estancia en la cascada, una hora aproximadamente (o lo que quiera cada uno).

     Cogiendo el coche nos adentramos de nuevo en tierras madrileñas, pasamos otra vez por Lozoya, y nos dirigimos hacia el pueblo de Canencia, lo atravesamos e iniciamos la subida en dirección a Miraflores de la Sierra hasta lo alto del puerto, donde estacionamos en la preciosa área recreativa que allí se encuentra.
   
     Nos disponemos a hacer la ruta de la cascada de Mojonavalle, para lo cual nos echaremos a andar por la pista forestal que sale hacia poniente, junto a una fuente formada por grandes pilastras graníticas, entre las cuales sale un gran chorro de un agua tan buena como fresca. Esta pista asciende en suave pendiente hasta unas instalaciones que se utilizan para campamentos de verano. En este punto, cogemos a la derecha una senda señalizada, en descenso, que en poco nos lleva hasta el mirador de madera que hay frente a la cascada.

     Es ésta de gran altura, en escalera, muy dependiente de las lluvias o nieves que hayan caído recientemente, pero si la cogemos con un cierto caudal resulta muy espectacular.

     Hasta aquí habremos caminado 3 kmts., sin mayor dificultad, regresando por el mismo camino al área recreativa del puerto de Canencia.
   
     Ahora cogemos el coche para desplazarnos hasta el pueblecito de San Mamés. Nada más pasar por el mismo en dirección a Villavieja y Buitrago, junto a la carretera encontramos una ermita (muy bonita, por cierto), frente a la que sale un camino que tomaremos hasta llegar a una granja y una quesería, donde hay una barrera. Aquí estacionamos para echarnos a andar siguiendo el camino en subida, hasta llegar a un refugio donde se acaba el mismo. A partir de aquí seguimos la senda recorriendo el pinar, vadearemos dos pequeños arroyos y tras subir una suave loma ya divisamos la cascada, larga y tendida, pero muy bonita y con buen caudal normalmente.

     Volviendo al coche por el mismo camino, habremos hecho entre ida y vuelta 6 kmts.
   
     Ahora tenemos un ratito de coche para salir del valle del Lozoya, cogiendo la A-1 sentido Burgos, hasta el pueblo de Somosierra, donde tomamos la antigua N-I, para bajar el puerto en el mismo sentido durante un kilómetro aproximadamente, donde veremos un caminito de tierra que sale a la derecha. Aquí estacionamos, y andando por él unos 300 metros, vadeamos el Arroyo de las Pedrizas. Nada más cruzarlo tenemos dos opciones: coger la senda que sale a la derecha, y que en unos 200 metros nos sitúa frente a la cascada, con una espectacular vista panorámica de la misma; o seguir el camino otros 100 metros, y nada más cruzar el Arroyo de la Peña del Chorro coger la senda que sube por la derecha, que atraviesa una pequeño muro, y en otros 200 metros nos deja en mitad de la cascada.

     En este salto de agua el caudal viene concentrado y en caída libre por su parte más alta, luego baja más tendido, y finalmente se descuelga disperso por la superficie de una gran roca. En definitiva, una cascada tan grande como diversa la que forma el Arroyo de la Peña del Chorro, que un poco más abajo, al confluir con el Arroyo de las Pedrizas, acaban formando ambos el río Duratón.

     Aquí concluimos esta ruta de cascadas en la mejor época del año para verlas. Vayan a una, a dos, o a las que quieran, pero disfruten de ellas y de su entorno.

     Saludos

 EL RURAL


domingo, 8 de marzo de 2015

LOS ARRIBES DEL DUERO 2/2



Continuamos nuestra ruta en sentido sur hacia Vilvestre, bonito pueblo situado junto a un rocoso cerro. El ayuntamiento y la espadaña de la iglesia se hacen frente formando un bonito conjunto. Y hablando de la iglesia, curiosísimos los pináculos de su cabecera. En la plaza donde se encuentra el frontón veremos un rollo-picota muy parecido a los cruceiros típicos de Galicia, formado por una columna de piedra esculpida con diversos motivos y coronada por una cruz.

Al llegar a Saucelle, cogemos el camino que en breve nos lleva hasta el Mirador de las Janas, construido en madera con merenderos de piedra, sobre las Hoces del río Huebra, poco antes de su desembocadura en el Duero.

Volvemos a Saucelle para coger la carretera de Lumbrales, por la que nos adentraremos en las hoces. Pasaremos por debajo del Mirador de las Janas e iremos encontrando lugares donde poder dejar el coche y bajarnos a contemplar diversas vistas de estos bellos parajes. Siguiendo la curvada carretera cruzaremos primero el barranco del Arroyo de la Ribera de las Casas, y luego el del río Huebra para, poco después, llegar al Cachón del río Cameces, que forma en este punto una impresionante cascada poco antes de confluir en el Huebra. Nos asomaremos con mucha precaución al mirador para ver este salto de agua de más de 30 metros que en época de lluvias lleva gran caudal, convirtiéndose en un precioso espectáculo de agua.

Continuamos en dirección a Lumbrales hasta coger el desvío hacia nuestra siguiente parada: Hinojosa de Duero. En el casco urbano destaca la alta torre-reloj del ayuntamiento y los buenos retablos de su iglesia. También debemos subir al cerro que hay en las afueras, donde se encuentra la ermita del Santísimo Cristo de la Misericordia, claro ejemplo de transición entre el románico y el gótico. Desplazándonos unos 200 metros por la cuerda del cerro, veremos el monumento al Sagrado Corazón. Desde este alto tenemos buenas vistas panorámicas del pueblo y de toda la zona.

Seguimos nuestra ruta hacia el Salto de Saucelle, que es la presa del embalse del mismo nombre en el río Duero, donde podemos parar para ver las preciosas vistas aguas arriba y aguas abajo.

Cruzando la presa entramos en tierras portuguesas, donde vamos a hacer una pequeña incursión para visitar el bonito pueblo de Freixo de Espada Á Cinta. En su parte alta sobresale un gran torreón de planta octogonal, coronado con matacán, almenas y espadaña con reloj. La iglesia presenta una hermosa portada gótica, y el casco urbano central se compone de calles con casas blancas y curiosos ventanales de madera de distintos colores. El ayuntamiento es un señorial edificio de sillería con un gran blasón, teniendo enfrente un rollo-picota muy esculpido.

Una vez visto Freixo, regresamos hacia la presa de Saucelle pero, en vez de cruzarla para entrar de nuevo a España, tomamos la carretera que va paralela al Duero por su margen derecha, existente gracias a que a partir de aquí el cañón se abre, pero el río sigue escoltado por altas montañas a ambos lados, que otorgan gran belleza al entorno, por lo que este recorrido es un disfrute. Nos llamará la atención la cantidad de viñedos que hay en esta zona, extendiéndose a veces sobre empinadas laderas.

Seguiremos por esta carretera hasta llegar a la desembocadura por la orilla contraria del río Águeda en el Duero, lugar bellísimo a partir del cual éste último deja de hacer de frontera natural entre los dos países para entrar de lleno en Portugal.

Un poco más adelante hay un puente por el que cruzamos el Duero para llegar a Barca D'Alva, pequeño y bonito pueblo portugués, y a continuación pasamos otro puente sobre el Águeda, que aquí hace de frontera, para, de esta manera, entrar de nuevo en España. En paralelo al puente por el que va la carretera, hay otro muy llamativo, de estructura de hierro, por el que discurre el ferrocarril. Ahora podemos ver la desembocadura del Águeda desde el lado español.

A partir de aquí nos alejamos definitivamente del Duero, pero aún podemos ver cosas interesantes aprovechando que estamos por aquí.

Seguimos la carretera para pasar por La Fregeneda y por las afueras de Hinojosa, donde ya estuvimos anteriormente, y nada más salir de los límites del Parque Natural llegamos a Lumbrales, un pueblo que bien merece una parada, para ver su bonita plaza mayor y la grandiosa iglesia, en cuya entrada hay un llamativo porche de sillería con tres arcos frontales de medio punto y dos laterales, una construcción poco común.

Nos dirigimos ahora hasta San Felices de los Gallegos, donde nos sorprenderá la imponente Torre del Homenaje de su castillo, perfectamente conservada y con unas magníficas escaraguaitas que le dan más empaque. Hay un trozo de muralla que se puede recorrer por el adarve, y todo lo que era el patio de armas ahora está ocupado por bonitas casas de piedra. Podemos visitar también el Museo del Aceite, ubicado en una antigua almazara rehabilitada.

Aquí terminamos la ruta por los Arribes del Duero. Pero, ya que estamos cerca, vamos a poner la guinda al pastel visitando el monumental pueblo de Ciudad Rodrigo.

Situado a orillas del río Águeda, lo primero que llama la atención al llegar son sus murallas. Tienen un perímetro de más de 2 kilómetros, y se pueden recorrer en su totalidad por el adarve, convertido hoy en un precioso paseo de ronda que, a la vez, sirve de mirador en toda su longitud. El recinto está especialmente reforzado con varias barbacanas por su parte geográfica más vulnerable, y menos por la zona que da al río Águeda, que hace de barrera natural. Llama la atención su grosor, de varios metros y con forma abaluartada en algunos tramos, señales de que estaba pensado para resistir fuego de artillería.

Formando parte de la muralla se encuentra el castillo, hoy Parador Nacional, en el que destaca la Torre del Homenaje con su torre caballera.

Dentro del recinto amurallado encontramos un casco urbano plagado de palacios, palacetes, casas señoriales, iglesias y conventos que forman un conjunto monumental extraordinario.

Destacar también la plaza mayor, con el ayuntamiento renacentista, bellísimo, y la catedral, con un magnífico claustro gótico.

Aquí en Ciudad Rodrigo finalizamos nuestro recorrido. ¡Qué recuerdos de todo lo visto...!

Hasta la próxima. Saludos.

EL RURAL

domingo, 1 de marzo de 2015

LOS ARRIBES DEL DUERO 1/2

En esta ocasión vamos a recorrer uno de los paisajes más espectaculares y a la vez más desconocidos de toda la geografía española: el Parque Natural de los Arribes del Duero. Se extiende éste por más de 100 kilómetros de norte a sur entre las provincias de Zamora y Salamanca, donde el río Duero hace de frontera entre España y Portugal, formando impresionantes cañones.

Se llaman arribes a las empinadas laderas que forman las orillas del Duero en esta zona y que, sobre todo en el pasado, estaban cubiertas de frutales, olivar y viñedo, aprovechando el microclima que forma cañón. Las características geológicas de éste se han aprovechado también para construir varias presas con sus respectivas centrales eléctricas. También se llaman arribes a los formados por otros ríos de la zona como el Tormes, el Huebra o el Águeda.

Los pueblos son pequeños, pero hay numerosa oferta hotelera y de restaurantes, al menos durante los fines de semana y en temporadas de mayor turismo.

Si salimos de la maravillosa ciudad de Salamanca por la carretera SA-300 dirección Portugal, siguiendo el curso del río Tormes, pasaremos por Ledesma donde, aun estando todavía fuera de nuestro objetivo, debemos hacer una parada obligatoria para visitar este bello pueblo de bonita arquitectura, con castillo y puente medieval.

Siguiendo la carretera llegamos al grandísimo embalse de Almendra, que marca la entrada en el Parque Natural. La carretera discurre por encima de su larguísima presa, entrando en la provincia de Zamora, y poco más adelante llegamos al pueblo de Fermoselle, bonito pueblo con una hermosa plaza mayor compuesta de buenos edificios de sillería, incluyendo el ayuntamiento y su torre-reloj. La iglesia también es de buenos sillares con un altísimo campanario. Sus calles estrechas y empinadas suben hacia la parte más alta del pueblo, donde se encuentran los restos del castillo, cuyo patio de armas sirve ahora de magnífico mirador sobre los Arribes del Duero y las tierras portuguesas, aunque el río no llega a verse desde aquí.

Desde Fermoselle cogemos la carretera de Trabanca y, a mitad de camino entre los dos pueblos, cruzamos el río Tormes por un monumental puente. Aquí encontramos los arribes del Tormes, poco antes de su desembocadura en el Duero.

Entramos de nuevo en la provincia de Salamanca para llegar a Trabanca, donde tenemos un Centro de Recepción de Visitantes del Parque Natural, en el que podremos informarnos con detalle de todo lo necesario para nuestra ruta: hoteles, restaurantes, espacios naturales, rutas de senderismo, cruceros por el Duero, flora, fauna, geología del parque, etc.

Desde el pueblo de Pereña sale una carreterilla que en 3 kmts. nos lleva hasta la ermita de Nuestra Señora del Castillo, escenario de una concurrida romería en el mes de mayo. Aquí tenemos el primer contacto con el río Duero, gracias a unos miradores desde los que tenemos unas preciosas panorámicas que nos ayudarán a hacernos una idea de lo que son los arribes.

Siguiendo hacia Masueco, y antes de que la carretera baje para cruzar el río de las Uces, sale un camino a la derecha que nos lleva enfrente del Pozo de los Humos, una magnífica cascada en caída libre de más de 40 metros de altura, y que es uno de los lugares más visitados del parque natural.

Desde aquí tenemos una buena vista frontal de las cascada, pero no podemos acceder hasta ella. Para esto, debemos regresar a la carretera y continuar hasta Masueco, donde sale un camino que nos conduce en coche o andando hasta la misma cabecera, donde hay un balcón de madera suspendido sobre el salto de agua, que nos regala una sensación única al ver semejante caudal de agua descolgándose bajo nuestros pies, sobre todo en primavera.

Continuamos hacia Aldeadávila de la Ribera y, a la entrada del pueblo a la derecha, está señalizado el desvío para bajar a la Playa del Rostro, uno de los lugares más bellos de la zona. Se trata de una playita de arena y hierba junto al río Duero, rodeada de altas paredes rocosas.

Aquí también hay un embarcadero de donde sale un catamarán que realiza cruceros por el cañón, permitiéndonos admirar durante hora y media desde abajo las impresionantes paredes graníticas de más de 300 metros de altura que lo conforman por esta zona. Durante este recorrido contemplaremos también, sobre todo en primavera, la cantidad de arroyos que desembocan en cascada en el Duero desde lo alto del cañón. En definitiva, un paseo en barco de los que no se olvidan. Eso sí, conviene reservar plaza antes de ir.

Entramos ahora en el pueblo de Aldeadávila, desde donde parten diversos caminos o carreterillas que nos conducen en pocos kilómetros a distintos miradores sobre los Arribes del Duero. Están señalizados, pero en caso de duda algun lugareño nos orientará. Vamos a destacar tres de ellos.

El primero es el Mirador del Rupurupay, donde tenemos unas preciosas vistas del Duero en una zona donde las laderas del cañón son más tendidas, pero de gran belleza igualmente.


A los otros dos se llega por la misma carretera, ya que se encuentran uno al lado del otro junto a la presa de Aldeadávila. ¡Ah! Una putualización antes de acercarse a ellos: abstenerse los que sufran de vértigo, y mucho cuidado con los niños.

Primero llegamos al Mirador de Picón de Felipe, que es un conjunto de rocas situadas en lo más alto del cañón, dotadas de barandillas para proteger a los visitantes, y que nos ofrecen unas espectaculares vistas en la zona donde los paredones graníticos tienen más altura.




Unos metros más adelante, casi encima de la presa, se encuentra el Mirador del Fraile, sobre otra roca con su barandilla. ¿Qué decir sobre estas vistas, sobre estas paredes de roca de varios centenares de metros de altura? Si espectacular fue verlo anteriormente en el barco desde lo más profundo, no menos espectacular es verlo ahora desde lo más alto. ¡Simplemente, inolvidable!




Volviendo a Aldeadávila, cogemos la carretera que nos conduce a Mieza, pueblo que bien merece un paseo. Además, desde el casco urbano sale un camino que nos lleva en poco más de un kilómetro hasta el Mirador de la Code, donde volvemos a tener magníficas vistas de esta zona del Duero y sus arribes. Junto al mirador hay una pequeña capillita de piedra con una imagen de la Virgen.




EL RURAL



Continuará...



sábado, 28 de febrero de 2015

Fallo del III Concurso de relatos hiperbreves ma non troppo “La siguiente la pago yo”

El muy autorizado y prestigioso jurado del III Concurso de relatos hiperbreves ma non troppo “La siguiente la pago yo” se reunió recientemente para tomar una decisión.
En esta tercera edición han sido presentados 141 relatos, a cuyos remitentes damos sinceramente las gracias, por su generosidad en compartir sus trabajos. Los relatos proceden de toda España, y de la mayoría de los países de habla hispana en América, lo cual agradecemos de manera especial.
Antes de decir los ganadores, pedimos disculpas por el desastre que ha sido el intento de la app. Cuando parecía que carburaba bien, dejó de funcionar de forma definitiva, por lo que hemos debido abandonar la idea de conceder el premio por votación.
A cambio, y debido también a la calidad de los relatos, decidimos, cuando aún teníamos algo de conciencia, conceder un accésit, consistente en un lote de libros de LA SIGUIENTE LA PAGO YO.
Bueno, y por fin, el fallo:
1er Premio del III Concurso de relatos hiperbreves ma non troppo “La siguiente la pago yo”, al relato titulado:
            MARÍA SANTÍSIMA DE LOS MILAGROS
Presentado por: JUAN ANDRÉS MOYA MONTAÑEZ

2º Premio del III Concurso de relatos hiperbreves ma non troppo “La siguiente la pago yo”, al relato titulado:
            TODAVÍA QUEDA GENTE QUE AMA A LOS BURROS
Presentado por: ANDRÉS FORNELLS

Accésit del III Concurso de relatos hiperbreves ma non troppo “La siguiente la pago yo”, al relato titulado:
            ROMPER AMARRAS
Presentado por: SANDRA MONTEVERDE GHUISOLTI

Enhorabuena a los premiados y la premiada, con quienes nos pondremos en contacto en breve.
Como se dice en las bases, el día 13 de marzo se celebrará la entrega de premios en The James Joyce Irish Pub, en Madrid, donde esperamos ver no solo a los participantes, sino a todos los que nos queráis acompañar, y los que tendremos el gusto de invitaros a una cerveza; y durante las próximas semanas los participantes recibirán su diplomo.
Muchas gracias, y hasta la próxima.
Licencia Creative Commons
La siguiente la pago yo por Rick, Diógenes de Sinope y Albert se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.