domingo, 15 de julio de 2018

TRES DÍAS EN ALICANTE 4/6


   Saliendo del pueblo estamos en el punto más estrecho de la isla. A un lado el puerto y al otro la playa, todo ello en apenas 100 metros. Tiene esta última unos 200 metros de largo, es de arena y piedra, orientada al sur, y dotada de duchas y otros servicios. Se concentran en torno a ella gran cantidad de restaurantes donde podemos probar los excelentes arroces de la tierra preparados en sus distintas presentaciones.

     Pasamos la playa, continuamos por la costa, y comprobamos que la isla se va ensanchando, y un poco más adelante nos desviamos levemente hacia el interior para ver la Torre de San José, un sobrio torreón piramidal de planta cuadrada que ha ejercido diversas funciones a lo largo de los siglos, como nos explica un cartel. Y ya que estamos en el interior, avanzando unos pocos centenares de metros hacia el este llegamos al faro de Tabarca, buen edificio con vivienda y torre con la linterna.

     Volviendo de nuevo al litoral sur, pasaremos enfrente de La Galera, islote cercano donde se divisan gran cantidad de gaviotas y cormoranes, al igual que en otras pequeñas rocas de alrededor que sobresalen ligeramente del nivel del mar. Veremos pequeñas playitas de piedra hasta llegar a Punta Falcón, el extremo oriental de Tabarca y posiblemente el más bello, donde se encuentran los acantilados más altos de la isla. Bien es verdad que no superan los 10 ó 15 metros de altura, pero la fuerza con que golpea el mar en esta zona y la cantidad de peñones que la rodean, lo convierten en un lugar de gran belleza y espectacularidad.

     Seguimos recorriendo la isla ahora por la costa norte , dejando a nuestra izquierda el faro y la Torre de San José, y con vistas del continente a la derecha. Pasamos junto a pequeños acantilados y playitas de piedra, según nos vamos acercando de nuevo al pueblo, hasta llegar al puerto y la playa. Aquí habremos completado todo el perímetro de la isla, en un paseo de unos 4 kmts., todo por sendas y totalmente plano, muy cómodo, a lo que habría que añadir el callejeo por el pueblo.

     Cogemos el barco de regreso a Alicante con la satisfacción de haber pasado un día maravilloso, y con el deseo de volver, y quizá para pasar algo más que un día, aprovechando los alojamientos que nos ofrece la isla.


Faro de Tabarca


Pequeño acantilado con cuevas


Playa con la isla de La Galera al fondo



SALUDOS

EL RURAL

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domingo, 8 de julio de 2018

TRES DÍAS EN ALICANTE 3/6

     SEGUNDO DÍA: ISLA TABARCA. Desde el puerto deportivo de Alicante sale un barco que en una hora nos deja en la Isla Tabarca, donde vamos a pasar este segundo día.

     El inicio del trayecto nos permitirá recorrer las enormes instalaciones portuarias de la ciudad hasta salir a mar abierto donde, en todo momento, tendremos la costa más o menos cerca a nuestra derecha, pasando por distintas playas y urbanizaciones, llegando más adelante al Cabo de Santa Pola con su faro en lo alto.

     De frente ya divisamos la isla, que pertenece administrativamente al municipio de Alicante, plana, de unos 2 kmts. de larga y no más de 500 metros en su parte más ancha, siendo todos sus alrededores una Reserva Marina por las importantes praderas de posidonia que hay en su fondo marino. Desembarcamos en su coqueto puerto protegido por una pequeña escollera, donde fondean embarcaciones de pesca de bajura.

     A la derecha tenemos el pueblo, envuelto en una pequeña muralla que no solo le defendía de enemigos, sino también de las furias del mar, y aún hoy, la cual se puede recorrer por su parte mejor conservada, la que da a la península, teniendo en todo momento vistas de Alicante a lo lejos, de Santa Pola justo enfrente y, siguiendo la línea costera hacia el sur, de Guardamar y Torrevieja.

     En esta parte veremos la iglesia de San Pedro y San Pablo, de buena sillería y curiosos ventanales, y al llegar al final de la muralla encontramos una puerta con salida al mar que baja hasta este extremo de la isla, separado por unos metros de otro pequeño islote. Siguiendo la costa pasamos a la cara que da a mar abierto, cuyos embates tendrán algo que ver en el hecho de que por aquí la muralla está peor conservada, aunque llama la atención ver cómo sus restos se sostienen sobre la roca de pequeños acantilados llenos de cuevas.

     Podemos adentrarnos aquí en el interior del pueblo, típico de pescadores, de casas sencillas, de altura uniforme, casi todas de una planta, bien pintadas de diversos colores, con manzanas en cuadrículas y una amplia plaza con palmeras y árboles diversos. Una preciosidad.



Pueblo de pescadores



Puerto de Tarbarca



SALUDOS

EL RURAL

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domingo, 1 de julio de 2018

TRES DÍAS EN ALICANTE 2/6


   Salimos del barrio de Santa Cruz para bajar al colindante casco antiguo, ya en zona llana, donde están los principales monumentos. Enseguida nos topamos con la iglesia de Santa María, con una preciosa portada barroca con columnas helicoidales, y un altar mayor, del mismo estilo, que es para no perdérselo.

     Cerca se encuentra el ayuntamiento, edificio de grandes dimensiones con varias portadas adornadas con columnas, gran cantidad de ventanales en primera y segunda planta, blasón en el medio y balaustrada de piedra entre las dos altas torres gemelas, que tienen curiosos vanos en su cuerpo alto.

     A poca distancia del ayuntamiento está la concatedral de San Nicolás de Bari, templo muy sencillo por fuera pero con muchas y bonitas capillas en el interior. Los alrededores son callecitas llenas de bares y terrazas habitualmente muy concurridas por paisanos y turistas.

     Visto el casco antiguo, vamos a salir a la línea de mar para dar un precioso paseo recorriendo los distintos encantos que nos vamos a ir encontrando. Empezamos bajo el cerro del castillo de Santa Bárbara, donde está la Playa del Postiguet, de arena fina y clara, dotada de todo tipo de servicios. En paralelo está el paseo, muy arreglado y siempre concurrido de caminantes.

     Andando hacia el puerto llegamos a la Plaza Puerta del Mar, donde subimos a la parte alta del Muelle de Levante, acondicionado a modo de paseo durante varios centenares de metros. Desde aquí, y según avanzamos por el espigón, las vistas se van haciendo cada vez más hermosas: hacia la izquierda vemos la Playa del Postiguet con el castillo encima, más hacia el norte la Playa de San Juan y la inmensidad del mar, y hacia la derecha todas las instalaciones portuarias y la parte de la ciudad más pegada al mar.

   De vuelta a la Plaza Puerta del Mar, seguimos el paseo por el puerto deportivo, un auténtico y enorme museo de barcos al aire libre, para luego cruzar la calle y regresar en paralelo por el Paseo de la Explanada de España, un vergel de palmeras y otros árboles exóticos, con un pavimento precioso que complementa un área de esparcimiento siempre muy concurrida.

     Hasta aquí la ciudad, aunque siempre se pueden encontrar más encantos recorriendo la misma.



Muelle de Levante


Puesta de sol en el puerto


Playa del Postiguet y Castillo de Santa Bárbara



SALUDOS

EL RURAL

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domingo, 24 de junio de 2018

TRES DÍAS EN ALICANTE 1/6

     Vamos a hacer un paréntesis en nuestras habituales rutas por tierras de interior para hacer una incursión por el litoral, donde también encontramos hermosos lugares, que además tienen ese aliciente que a todos nos atrae como es el mar. Concretamente, nos desplazamos a Alicante para pasar allí tres días bien delimitados en la agenda: uno para conocer la ciudad, otro para visitar Isla Tabarca y el último para ver el castillo de Santa Bárbara.

     PRIMER DÍA: LA CIUDAD. Nos situamos en la parte interior de ésta, junto al castillo de San Fernando, un baluarte artillero del siglo XIX construido para defender la ciudad de ataques provenientes de tierra adentro durante la Guerra de la Independencia contra la invasión francesa. Tiene altos y gruesos muros y se accede al interior por un antiguo puente colgante que salva un profundo foso. Hoy está arreglado a modo de parque-mirador, aprovechando las buenas vistas que nos ofrece de toda la ciudad y el mar.

     Por detrás del castillo se extiende una amplísima área de parques e instalaciones deportivas de todo tipo, donde sobresalen por su altura los graderíos y torretas eléctricas del Estadio José Rico Pérez.

     Cerca del castillo de San Fernando está la Plaza de Santa Teresa, un precioso parque donde se ubica el Panteón de Quijano, un alto obelisco homenaje de la ciudad a este gobernador de la provincia en el siglo XIX.

     En las faldas del cerro donde está castillo de Santa Bárbara (al que todavía no vamos a subir) se encuentra el Parque de la Ereta, que es el pinar que lo rodea, donde hay fuentes, miradores, un auditorio y restaurante con vistas. Vienen indicados también varios senderos que discurren bajo el castillo, ofreciéndonos distintas perspectivas del mismo y, a la vez, buenas vistas. De éste parte un largo tramo de muralla que desciende hacia la ciudad, al cual podemos subirnos y recorrer todo su adarve, siempre con magníficas panorámicas.

     Precisamente desde la parte más baja de la muralla tenemos entrada al barrio de Santa Cruz, conjunto de casitas blancas adornadas con tiestos en estrechas y empinadas callejuelas, con coquetas plazas y plazuelas, que bien pasaría por uno de los pueblos blancos de cualquier serranía andaluza. Pasear por sus calles es una gozada y un baño de relajación. Además, su situación elevada entre el castillo y el resto de la ciudad nos regala hermosas vistas, como por ejemplo desde el mirador que hay junto a la ermita de Santa Cruz, la cual alberga un Cristo de gran devoción que procesiona en Semana Santa. Otra ermita que encontramos es la de San Roque, templo con paredes color salmón y una torre con cerramiento piramidal.


Muralla del Castillo


Mirador de Santa Cruz



SALUDOS

EL RURAL

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martes, 5 de junio de 2018

Primer Premio del V Concurso de relatos hiperbreves ma non troppo “La siguiente la pago yo”



EL PUNTO ROJO

Hasta que cerraron el féretro, estuve mirándote angustiada.

El raso blanco que forraba el ataúd, contra el azul oscuro de tu traje de alpaca; la seda estampada de la corbata, sobre tu impecable camisa. Parecías dormido, no muerto, y estabas muy guapo. Tenías ese gesto soñador que echaba de menos los últimos años. Y tus manos, esas que tantas veces me acorralaron, me zarandearon y me golpearon, parecían dos pacíficas palomas blancas enredadas en las cuentas del rosario.

Entre el cuarto y quinto dedo de la mano derecha, ese pequeño punto rojo que no vieron en la autopsia. Tus dedos abiertos, parecían querer mostrar el lugar exacto donde te inyecté la insulina, ésa que te llevó a la tumba dulcemente, y a mí me devolvió la vida.

Estuve mirándote angustiada, hasta que cerraron el féretro.

Virginia Reguera Parra

domingo, 3 de junio de 2018

VALLE DE RONCAL 7/7

      Ya en territorio navarro, nuestra siguiente parada es Ochagavía, pueblo muy turístico por la belleza de su entorno y por ser puerta de entrada a la Selva de Irati. Su arquitectura es similar a la de Ustárroz, casas blancas con sillería gris que jalonan el curso del río Anduña, con su bonito puente medieval de dos ojos con arcos rebajados. Este río desemboca en el mismo casco urbano en el Zatoia, conformando ambos el Salazar, que aguas abajo pasará por la Foz de Arbayún, que visitamos anteriormente.

     A las afueras se encuentra la ermita de Nuestra Señora de Muskilda, coronada por una curiosa estructura cónica que cubre su campanario, y con buenos retablos en su interior. Al situarse sobre un cerro, la ermita nos sfrece preciosas vistas de la montaña.

      Desde Ochagavía parte la carretera de montaña que en 25 kmts. nos deja en los aparcamientos del Parque Natural de la Selva de Irati. En la caseta de información los agentes forestales nos darán detalles sobre las distintas rutas de senderismo que podemos hacer para conocer este paraje, todas bien marcadas, en el que tenemos el hayedo más grande de toda la Península Ibérica. Vamos a destacar tres de ellas, sencillas, que parten todas del parkin.

    La primera se llama "Sendero del bosque de Zabaleta" y recorre el hayedo por una cómoda senda hasta llegar al encantador embalse de Irabia, y regresa por una pista forestal junto al río Irati, haciendo un total de 8 kmts.

      La segunda se llama el "Paseo de los Sentidos" y recorre una senda botánica que pasa junto a la ermita de la Virgen de las Nieves, dotada de carteles explicativos sobre los árboles y plantas que nos vamos encontrando. Es una circular de tan solo 2 kmts.

      Y la tercera nos lleva por una cómoda pista forestal en ligera subida, junto al río Urbeltza, hasta la Cascada del Cubo, hermosa cadena de pequeños saltos de agua, en un recorrido de unos 3 kmts. ida y vuelta por el mismo camino.

      Además de estas sencillas rutas, también podremos informarnos sobre otras de mayor dificultad que también tienen aquí su punto de partida.

     Los aparcamientos forman parte del área recreativa llamada Virgen de las Nieves, por encontrarse junto a su ermita, y está dotada de merenderos y restaurante. En este punto se unen los ríos Urbeltza y Urtxuria dando lugar al Irati, que mucho más al sur formará la Foz de Lumbier, que ya vimos al principio.

      Y en este bellísimo parque natural terminamos nuestra ruta, que recorrió el Valle de Roncal y otros muchos y variados lugares de esta zona del nordeste navarro. Aún no me he ido y ya estoy pensando en volver a la Selva de Irati para otoño, al imaginarme el colorido que tendrá el hayedo entonces...


Selva de Irati. Embalse de Irabia



Arquitectura de Ochagavía




SALUDOS

EL RURAL

martes, 29 de mayo de 2018

Segundo Premio del V Concurso de relatos hiperbreves ma non troppo “La siguiente la pago yo”



LAS FILAS DEL MAL

Confieso que no pude evitar entrar en las filas del mal. Me alisté en el ejército del Diablo y él fue mi guía y mi guardián. Me arrastré por el camino de la maldad desde que una noche, al despedirnos, me dijiste que yo era todo para ti y que nunca me olvidarías. Ha pasado un año y todavía no sé nada de ti. De tu menosprecio creció en mí un deseo incontrolable por ser tan terriblemente malo que me llevó a hacer actos de dudosa moralidad.

Comencé a frecuentar lúgubres locales, me relacioné con gente despreciable y tuve irrefrenables ataques de ira contra la gente de bien. Arrastrado por oscuras intenciones, me aficioné al vudú y practiqué con una muñeca obesa como tú. Para perfeccionar mi vileza, me uní a una secta de magia negra, donde aprendí conjuros y oficié misas satánicas por encargo.

Con la resaca de una maléfica noche, me compré una túnica con ribetes morados y un ataúd de nogal que vendían a precio de saldo. Desde entonces duermo en mi ataúd de importación y hablo del bien y del mal con un búho de madera que robé en un mercadillo.
En mi insaciable afán de beber de todas las fuentes del mal, visité a un vidente africano que leyó el poso de un vaso que contenía aguardiente de dudosa calidad. Puso los ojos en blanco y me dijo que ahora tenías un novio formal al que conociste en una terapia para fumadores compulsivos. También que tenías intención de hacerte diabética para no comer más dulces y ponerte todavía más gorda. Imaginé a tu novio, entrado en carnes como tú, escondiendo todos los espejos de la casa para que no vieras tu deplorable imagen. Le di algo de propina para saber dónde encontrarte, pero solo supo decirme que seguías viviendo en el barrio. Así que algunas noches tocaba los timbres de los portales por si reconocía tu voz a través del interfono, y otras me entretenía reventando los buzones de los vecinos por si me habías escrito cartas con la dirección equivocada.

Me dediqué obsesivamente a espiar a los vecinos. Así supe que el Demonio era un ser egoísta y obsceno que todas las noches visitaba a las solteras de mi calle y las atemorizaba con el fuego eterno para llevárselas a la cama. Un día descubrí que vivías en el edificio de enfrente y que el Maligno te visitaba todas las noches, porque os veía salir desnudos al balcón a fumaros un cigarrillo tras otro.

Pero llegó el día que decidí olvidarme de ti para siempre. Empeñé la túnica y el ataúd y desde entonces soy un tipo corriente: me gusta mirar el escote de las cajeras, robo bolis de la copistería y de vez en cuando dejo que mi perrita orine en el ascensor.

Jesús Miguel Valls López
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