lunes, 5 de junio de 2017

El espíritu del Pandacia

La fotografía que acompaña este texto es del Pandacia. Es el equipo de fútbol en el que jugaba mi padre, allá por los años 50, cuando sus piernas no estaban aún condenadas a no poder caminar. Se llamaba así porque en él jugaban "la panda", sus amigos de la infancia, que todavía siguen siéndolo, y Cía, un grupo de conocidos que completaban hasta llegar a 11.
Jugaban la liga en una división que ahora mismo no puedo definir, tal vez una Regional, por los campos, en su mayoría de arena, que trufaban Madrid.
Mi padre, Pepe, es el primero por la derecha, de la fila superior. Bajo mi padre está mi tío Juan; también Eduardo Campos, que con su sabiduría supo guardar este tesoro de foto, Joaquín de la Torre, Manolo López Marugán, Paco Cerrada, Luis Burriel, También "Pajarito", el portero, que dicen que era muy bueno, aunque no recuerdan su nombre. Y otros, a los que no llegué a conocer.
La instantánea es conmovedora por la juventud, que apabulla, de personas que ya han muerto, o que ahora tienen más de 80 años, la fuerza del que se va a comer el mundo. Es la muestra de que hemos de aprovechar el presente porque inexorablemente el tiempo nos alcanzará.
Y también es un réquiem por el fútbol de verdad. El fútbol ya existía entonces, pero no había televisión. Los árbitros se equivocaban, los defensas entraban duro, y los sistemas incluían cinco delanteros.
Los chavales iban de campo en campo, pero los padres (y mucho menos las madres) no montaban espectáculos ni agredían a nadie. No existía tanta hipocresía, las cosas eran de verdad.
Y los equipos profesionales también eran distintos. Existían rivalidades, no odios. En Madrid, los aficionados se dividían entre el Real y el Atlético, pero no existían (o eran testimoniales) los antimadridistas; de antiatléticos no había noticia. Incluso, me cuenta mi padre, los dos equipos se ayudaban, se prestaban el estadio, o se cedían jugadores si lo necesitaban. Porque la rivalidad era eso: machacar al contrario, pero socorrerle en caso de necesidad.
Desearía que volviera ese fútbol, no la impostura que vivimos ahora, con ególatras extremos, delincuentes fiscales o gurús que necesitan estar todos los días dando la nota en los medios y redes sociales. Que hubiera señorío, de verdad, no de gangsters de guante blanco, y con más humildad; que la que dijera ser mejor afición del mundo no lo fuera insultando a los demás, y que el fútbol no estuviera secuestrado por el dinero, la ambición extradeportiva y la política.
Que los que han ganado se acordaran de los derrotados, pero no para humillarles, sino para valorar el esfuerzo; y los que han perdido, que pierdan con dignidad.
No reniego del fútbol, porque lo amo, pero el fútbol actual es como un matrimonio conflictivo: lo quieres, lo necesitas, pero ta da mala vida. Y me gustaría recuperarlo.

Y que volviera el espíritu del Pandacia.

domingo, 4 de junio de 2017



“Solía pensar que la peor cosa de la vida era terminar solo. No lo es. Lo peor de la vida es terminar con gente que te hace sentir solo.”

Robin Williams

jueves, 1 de junio de 2017

Metrópoli

Viajamos bajo tierra, como lombrices, apelmazados como un rebaño asustado. O en cubículos de acero y plástico que contaminan el aire, conectados por el teléfono a un mundo las más de las veces virtual y aislados del mundo real por ventanillas cerradas. Nos despertamos y nos acostamos en horarios que nuestros propios cuerpos se niegan a aceptar, despreciando la luz y la oscuridad. Comemos productos plastificados que han crecido debajo de plásticos. Nuestros conocimientos ya casi nunca provienen de la experiencia, sino que nos llegan por pantallas, y hemos perdido cualquier espíritu crítico, y se hace dogma un post fraudulento que corre por redes sin control. 
Pero somos tan civilizados que para compensar todo ese desequilibrio hemos inventado el mindfulness y los terapeutas. 
¡Bendita cerveza!

domingo, 7 de mayo de 2017

Madres

Feliz día de la madre a todas las madres. Las hay tiernas, las hay duras, las hay caseras y revoltosas. Las hay dulces y saladas. En almíbar y frescas del día. Las hay silenciosas y las hay bulliciosas. Las hay de carreras y de paseo, de campo y de carretera. Las hay nómadas y sedentarias. Pacientes e impacientes. Descafeinadas o excitantes. Con y sin. Luz de día y luz de noche. Prêt a porter y a medida. En su jugo y al natural. Como las rosquillas, listas y de Santa Clara, que tonta ninguna. Las hay de andar por casa, de cóctel, de media gala y de traje de noche. Arregladas pero nunca informales. Las hay soñadoras y que hacen soñar. Las hay de tierra, de mar y de aire. Nacionales e importadas, importantes en cualquier caso.
Las hay para todos los gustos, de todos los colores, las hay melódicas y rockeras, suaves y ásperas, las hay sargentas y las hay generales, las hay de caricias y de zapatillazo, con tacón de aguja y con deportivas. Las hay coraje y las hay Teresa de Calcuta, todo sobre mi madre y nada sobre mi madre, De acero y de terciopelo, de azúcar y de caramelo.
Las hay así y con todas las combinaciones posibles, una pizca de esto y un puñadito de aquello, y todo a la vez. Pero haberlas, hay las. Y por encima de todo son madres. La fuerza de la vida. Porque sean como sean, madre es sinónimo de amor. Seguramente el único realmente exacto.

jueves, 27 de abril de 2017

Savoy 1

Hacía mucho tiempo que no me pasaba por el Savoy. Lo cual era, por una parte, buena señal, porque significaba que había encadenado media docena de trabajos fuera de Madrid,y eso, para un huelebraguetas de medio pelo como yo, garantizaba un cierto desahogo económico al menos durante un par de meses. Entregué el último informe al último cliente, una última voluntad que uno de los herederos pretendía manipular, y pensé en tomar la penúltima. Los pies me llevaron solos. 
Fabio, el barman, me dedicó una de sus enormes sonrisas, y se fue en busca del último vaso de tubo que conservaban en el bar. Desde el fondo de la barra me saludó con la mano Víctor, hombre renacentista, madridista y madrileño, cazador de imágenes de una ciudad que debería haberse quedado en blanco y negro y ha terminado por convertirse en un grotesco esperpento de la más pobre de las falsificaciones de un Kandinsky de mercadillo. Un gesto de la cabeza e il mio caro amico il tifoso della Juve se fue a servirme ese whisky casi tan viejo como yo y casi tan irlandés como Padraig a la esquina.
Estreche la mano de Víctor e intercambiamos sendos “¿Todo bien?”, el equivalente castizo del “Ça va?” de los marselleses, y nos quedamos callados con las miradas repartidas entre los vasos y las botellas. El viejo Matt, siempre inquieto, había incorporado en mis días de ausencia un vetusto piano, negro como ala de cuervo, a la decoración de la tarima que hacía las veces de escenario. Le pregunté con los ojos al bueno de Víctor. Asintió.
- Espera.
No le iba a llevar la contraria. Esperé.
Salió desde el salón del fondo, enfundada en un vestido largo y rojo, de esos que se han dejado acuchillar un flanco para dejar ver una pierna infinita, interrumpida tan sólo por un tatuaje que parecía el anuncio de un viaje al paraíso. Se movía como si flotara, y todo se transformó desde ese momento en unos ojos azules. Se sentó al piano, y me pareció que hasta el piano intentaba besarla.
Después vino un “Summertime” inolvidable, de esos que te dejan el calor en el alma, de esos que hacen que la imaginación te lleve con ella a la habitación de un motel, en una de esas noches en que las luces de neón que se encienden y apagan ofreciendo habitaciones libres dibujan en la espalda desnuda de una mujer ángeles y demonios.
Se fue como vino, y al pasar dejó un aroma como de lluvia de otoño.
Me despedí de los muchachos, salí a la calle y encendí un cigarrillo. El maldito Savoy me había vuelto a robar la calma. Me fui camino a casa caminando con el fuego en el cuerpo.

domingo, 23 de abril de 2017

VALENCIA: MACIZO DE CAROIG 6/6


     Y hasta aquí, que no es poco, la visita al castillo y a Játiva. Pero vamos a continuar la ruta dirigiéndonos al cercano pueblo de Montesa, para ver su castillo, que no tiene grandes torreones, pero que llama la atención por estar asentado sobre una imponente muela rocosa, a la cual se accede por una sobria rampa de piedra que sube hasta la altura de la puerta, quedando separada de ésta por unos metros de foso que en su día se salvarían mediante un puente levadizo. Parte del perímetro exterior del castillo es un bonito parque con estupendas vistas sobre la población y las sierras de alrededor.

        Desde Montesa, y ya siempre por la autovía en sentido Madrid, enseguida salimos de la provincia de Valencia y entramos en la de Albacete, para llegar a nuestra siguiente parada: Almansa. Su monumento más representativo es el castillo, situado sobre un espolón rocoso en un cerro sobre el casco urbano. Es pequeño pero muy bien conservado, con buenos muros y torreones cilíndricos coronados por almenas trapezoidales que le dan más empaque. La Torre del Homenaje está en la parte mejor protegida, junto a un cortado que forma la roca.

         A los pies y alrededor del castillo se encuentra la zona más antigua de Almansa, un irregular conglomerado de calles y casas blanquitas, muy típicas de La Mancha, que se ajustan a la complicada orografía del terreno. Y ya por debajo de este barrio, en una zona más llana y moderna, se encuentra el ayuntamiento, con un grandísimo blasón en la portada y un precioso patio interior de dos plantas con arcos de medio punto sostenidos por columnas de buenos capiteles. Junto al ayuntamiento está la iglesia, con su portada-retablo y una altísima torre de ladrillo.

         Cogiendo de nuevo la autovía en sentido Albacete y Madrid llegaremos al precioso pueblo de Chinchilla de Monte-Aragón. Iniciamos la visita en la Plaza Mayor, conocida como Plaza de La Mancha, muy bonita. A un lado se sitúa el ayuntamiento, con una buena balconada bajo la cual hay un estrecho pasadizo "protegido por dos cañones", y en la parte alta varios blasones y coronamiento de pináculos. El lado sur presenta buenas casas rústicas y una alta torre-reloj,  y enfrente la iglesia, bajo cuya torre tiene una bonita portada con parteluz. Justo al lado se  encuentra el magnífico Palacio de Núñez Cortés que, junto con otros edificios suntuosos, nos irán acompañando en la subida hacia el castillo, bajo el que veremos un buen conjunto de casas-cueva.

       Al llegar al castillo, lo primero  que nos llama la atención es el profundísimo foso que lo rodea, solo salvado por dos pasarelas, antiguos puentes levadizos, que dan acceso a las dos puertas, una  por cada lado, bien protegidas por sobrios torreones cilíndricos blasonados, distribuidos también por muros y esquinas. 

          Y aquí, en el castillo de Chinchilla, en este cerro elevado sobre la inmensa llanura manchega, y con la ciudad de Albacete casi a nuestros pies, cerramos esta aventura. Y hablando de aventuras, mientras veo estas vistas  me acuerdo de las vividas por el Hidalgo Caballero por estas tierras, y de que estoy cerca de La Roda. Habrá que pasarse a por unos "miguelitos". Mmmm.    

Portada de la Iglesia de Chinchilla


Casa Cueva de Chinchilla


SALUDOS

EL RURAL

domingo, 16 de abril de 2017

VALENCIA: MACIZO DE CAROIG 5/6

        Tras dejar Anna vamos saliendo del Caroig y nos dirigimos a visitar la localidad más grande y conocida de la ruta: Játiva. Por la zona centro veremos un amplio elenco de bellos edificios religiosos y civiles. Destacan la Colegiata, de grandes dimensiones y con buenas capillas y retablos; el antiguo Hospital de Pobres, justo enfrente, con una hermosa portada plateresca; o el Palacio de Alarcón, actual sede de los juzgados. También un buen número de plazas y plazuelas, entre ellas la del Mercado, de soportales y bonita arquitectura.

        Una vez visto el centro hay que subir a ver el larguísimo castillo que ocupa casi un kilómetro de crestería de la Sierra Vernissa, a las afueras, ascensión que se puede hacer en coche o a pie. Esta última opción es muy recomendable, ya que no es un trecho muy largo, apenas kilómetro y medio, y es la mejor manera de ir descubriendo todos los encantos que se van encontrando durante la subida.

          En primer lugar, tras haber ganado ya un poco de altura, veremos la ermita de San José, muy grande, situada junto a un mirador justo encima del casco urbano. Junto a ella sale un caminillo que nos lleva en pocos metros en primer lugar a los restos de la antigua ciudad romana, cuyos detalles tenemos en un cartel explicativo, y acto seguido a la ermita de San Félix, patrón de Játiva, con un bonito porche sostenido por buenas columnas de piedra.

         Desde esta ermita parte una senda que en apenas 200 metros nos lleva hasta La Nevera, un antiguo pozo de nieve de gran diámetro y profundidad, lo cual podemos comprobar asomándonos a las verjas que se abren a su interior. Y siguiendo la misma senda llegaremos, justo debajo de la muralla, a una zona de cortados rocosos en la que hay varias cuevas y abrigos, situándose en uno de éstos un curioso santuario con la imagen de una Virgen y un altar para decir misa.

        Desde aquí tenemos que elegir entre subir hacia el castillo por sendas más complicadas, o bien volver sobre nuestros pasos hasta la ermita de San José, donde retomamos la carretera asfaltada que nos conduce, en una bonita ascensión entre bosque de distintas especies arbóreas, hasta la puerta del mismo.

          Nada más entrar encontramos la parte mejor conservada, lo cual es debido a que en la primera mitad del siglo XX el castillo fue adquirido por el empresario Gregorio Molina, que estableció su domicilio en esta zona, que ahora está habilitada como museo.

         Hacia saliente, y siempre ya dentro del recinto amurallado, subimos hacia el Castell Menor, al que accedemos por una estratégica y estrecha entrada alargada entre dos muros. Arriba hay una buena torre con un bonito ventanal de arco apuntado que hace de mirador del resto del castillo, y por dentro veremos  interesantes detalles como unas letrinas muy bien conservadas o un aljibe circular excavado  en la roca. En el extremo hay un tramo de adarve de la muralla al que se puede subir, con unas vistas magníficas de la población y el Macizo de Caroig hacia el norte, del resto de la Sierra Vernissa hacia el este, incluyendo el cercano mar Mediterráneo si el día está claro, y un bonito valle hacia el sur. Llaman la atención también las murallas que bajan hacia el casco urbano.

         Pasando de nuevo por la casa-museo, hay antiguas dependencias que ahora son aulas explicativas sobre la historia del castillo, y al lado, aprovechando la pendiente, una escalera que hace de graderío de un auditorio para actuaciones, muy bien rodeado de fuentes y jardines.

          Hacia poniente entramos en el llamado Castell Mayor, donde veremos restos de un palacio, una capilla y un aljibe grandísimo, además de poder subir a algunos tramos de muralla con sus buenas vistas. Hay también una pequeña puerta que sale a extramuros y baja hasta unos curiosos aljibes romanos, cuatro concretamente, a cuyo interior podemos acceder para ver cómo están conexionados entre sí.





SALUDOS

EL RURAL

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