martes, 12 de mayo de 2015

Martes, 12 de mayo de 2015




Demasiado joven para comprender, demasiado viejo para tener fe”.


Manolo Tena, cantante y compositor español

lunes, 11 de mayo de 2015

Lunes, 11 de mayo de 2015.

Tengo mi propia versión del optimismo. Si no puedo cruzar una puerta, cruzaré otra o haré otra puerta. Algo maravilloso vendrá, no importa lo oscuro que esté el presente”.



Rabindranath Tagore (Filósofo indio, 1861-1941)

domingo, 10 de mayo de 2015

Cuaderno de bitácora. Día centésimo trigésimo del año de 2015.

Saliendo del bloqueo. Cómo Cádiz en 1802, pero de secano.

Descubriendo que nunca acabas de descubrir. Sobre todo lo bueno. Sintiendo a mis amigos cerca y su respeto y su cariño. Vale la pena atravesar el desierto como Moisés. Porque la Tierra Prometida no es un vergel. La tierra prometida está en el corazón de los tuyos.

Empezando de nuevo. Con más experiencia. Inútil, porque al final lo que me lleva nunca es la razón. Ni falta que hace. Pero sabiendo que hay una razón en cada palabra, en cada abrazo y en cada mirada.

Conocer a gente maravillosa es una suerte. Disfrutarla, un privilegio. Y que se queden dentro de ti hasta que desaparezcas, es un premio y un honor.

Cerrar puertas y abrir puertas. Saltar a otros destinos.

Otro paso más. Paso a paso. Golpe a golpe y verso a verso. Apasionante el viaje por la existencia. No os paréis. Eso es peor que estar muerto.

Os espero en el siguiente regato, a la sombra de un sauce y fumando un cigarro.

lunes, 13 de abril de 2015

Cuaderno de bitácora. Día centésimo tercero del año estelar de 2015.

Me apeo del autobús. Son más de las once, una vez más. Estoy cansado. En noches como hoy, me gusta bajarme una parada antes y caminar despacio esos cien metros que separan una estación de otra, envuelto en esa farsa de silencio que produce Madrid, que en realidad nunca calla, mientras me fumo un cigarro.
Me parece escuchar una flauta. Al otro lado del río. Busco con mis ojos pequeños y fatigados, como si los ojos pudieran atrapar la melodía. Hay un tipo que marcha por la otra orilla. Y toca una música lenta y sincopada. Me gusta.
Anda a trancos largos. Debe ser más joven y más ligero que yo. Calculo que, si al llegar al puente gira, nos encontraremos al final de la pasarela. Lo deseo. Y sucede.
Se deja ver cruzando. Tendrá veintipocos, alto, moreno, con una mochila y una flauta plateada que sopla con los labios y acaricia con los dedos. Tiene mucha más prisa para caminar que para hacer sonar el instrumento.
Se me aceleran los pasos vacilantes de hombre desanimado, para no perder distancia con él. No, no con él. Con el sonido que crea. Mis piernas cortas multiplican el ritmo. Él sigue andando con zancadas decididas.
Me acuerdo de repente del flautista de Hamelín. Rebasa el cruce y sigue recto. Mi costumbre me hace torcer a la derecha. Se pierde la música con él, entre las sombras que le dibujan las farolas.

Llego al portal sin saber si soy un niño o una rata. 

domingo, 12 de abril de 2015

Cuaderno de bitácora del día centésimo segundo del 2015


Tengo problemas con la autoridad. No me refiero a la cuestión civil. Me refiero al sentido de la autoridad. Y no porque yo sea un rebelde sin causa, un díscolo recalcitrante o un inadaptado social. Bueno, lo último igual sí, pero por otros motivos.
Mis cuitas sobre la autoridad son más bien inversas. No consigo, ni en la mejor de mis interpretaciones, representarla. Mis hijos han conseguido metaforfosearme en el auténtico y genuino “pito del sereno”, lo que representa que cualquiera de mis indicaciones termina con la sensación de que decirles nada es como tener un tío en Alcalá, que es no tener tío ni tener ná. En román paladino, no hacen ni el huevo.
Aunque hago memoria y me parece que esto ya lo he vivido yo, pero en pasiva. Con mi padre. A mi madre, que deja a Agustina de Aragón convertida en una dulce y pusilánime doncella cuando es menester, no me he atrevido nunca ni a toserla. Pero a mi padre le escuchaba a veces como un remoto rumor, ininteligible. Lo que pasa es que, cuando quería algo, me doblaba el brazo por el cariño. Un chantaje emocional con alguien tan cariñoso como mi padre no lo resiste ni Chuck Norris.

No sé si esto se hereda, se aprende por imitación o es una pura cuestión de suerte. Pero voy a tener que empezar a trabajarme las caras de tristeza y decepción. Por si cuela.

sábado, 11 de abril de 2015

Después...

Después de gritar a los cuatro vientos que se atrevía a bailar con el diablo a la luz de la luna, de retar a ángeles y demonios, de saltar desde el borde del acantilado hasta el mar embravecido, de jactarse de que jugaba a la ruleta rusa con cinco balas en el tambor del revólver, de blasfemar a voces, de desafiar a los vivos y a los muertos, de jurar falta de respeto eterna a cualquier autoridad divina o humana, de crecerse a la sola mención de lo sagrado, de romper los códigos morales y aventar los restos, de viajar sin rumbo, sin destino, sin meta y sin fin, de fundir las cadenas que le unían a familia y amigos, de cortar de un tajo los lazos con todo aquello que representase convencionalismo, de relativizarlo todo hasta reducirlo al absoluto.

Después de asesinar los sueños con nocturnidad y alevosía, de arrancar de raíz los árboles y las plantas, de dispararle a todo bicho viviente que se cruzase en su camino, de extirpar sin anestesia sus fibras sensibles, de dejar pudrir su alma en vodka barato, de exterminar las esperanzas, de masacrar sin piedad sus ilusiones y las ajenas, de rebañar los restos de los sentimientos del fondo de su corazón.

Después de triturar cualquier atisbo de altruismo, de someter las voluntades a su caprichosa voluntad, de poner boca abajo todos los crucifijos, de incinerar hasta las cenizas el más mínimo síntoma de humanidad, después de alcanzar el triunfo dejando en el trayecto un millón de cadáveres.

Después de todo esto...va y se muere, el muy gilipollas.


Moraleja: ya que te vas a morir igual, haz felices a los que te rodean, tonto del culo...

domingo, 5 de abril de 2015

CASCADAS DE MADRID (Y SEGOVIA)

     Ahora que llegamos a la primavera, la época del año en que los arroyos llevan más caudal, propongo una combinación de cinco rutas de senderismo, todas de corta duración y de baja dificultad, cercanas entre sí, cuyo objetivo es llegar a sendos saltos de agua, además de disfrutar de bellos recorridos.
   
Cascada de abajo
     Tres de ellas están en el Valle del Lozoya: las cascadas del Purgatorio en Rascafría; la cascada de Mojonavalle en el puerto de Canencia; y la cascada de San Mamés, cercana al pueblo del mismo nombre. Otra está cerca de Lozoya, en la cara segoviana del puerto de Navafría, y la última se encuentra un poco más retirada hacia el norte, en el puerto de Somosierra. Solo se requieren cortos desplazamientos en coche para llegar a los respectivos inicios de cada ruta, siendo éstas, como ya dijimos, cortas y fáciles, con lo que se podrían hacer todas en una jornada bien aprovechada desde temprano, o bien, si se prefiere, más tranquilamente en distintos días.

     Empezamos en Rascafría, concretamente junto al Monasterio del Paular, donde aparcaremos el coche. Nos disponemos a realizar la ruta de las Cascadas del Purgatorio, cuyo inicio está en el llamado Puente del Perdón sobre el río Lozoya, justo enfrente del monasterio, al otro lado de la carretera, donde cogemos la pista forestal que lo cruza. Al principio, a nuestra derecha, veremos la famosa área recreativa de Las Presillas, magníficas piscinas naturales muy concurridas en verano.
   
Cascada de arriba
     Siguiendo la pista en suave ascenso, iremos viendo distintos carteles indicadores de las cascadas, por lo que no hay pérdida. Señalizado está también el desvío a la izquierda en el que abandonamos la pista para coger otro camino más estrecho y empinado, aunque en breve se torna en descenso hasta llegar al río Aguilón que, junto con el río de la Angostura, acaban formando el río Lozoya poco más abajo.

     Cruzamos el Aguilón por el puente de madera, para girar a la derecha y subir aguas arriba por la senda, bien marcada, sin pérdida ya hasta llegar al mirador que hay delante de la primera cascada, de no mucha altura pero de gran caudal incluso en verano. Desde El Paular habremos tardado poco más de una hora (tiempo muy relativo según cada cual).

     Un poco más arriba de la primera se encuentra la segunda cascada, de mayor altura y belleza, pero para llegar a ella tenemos que subir por entre las piedras de la izquierda hasta llegar a un espolón rocoso donde tendremos que ayudarnos de las manos para atravesarlo, lo que conlleva cierto peligro, por lo que no es recomendable para niños, ni tampoco para adultos que no lo vean claro. En cualquier caso, llegando solo hasta la primera cascada, el paseo ya habrá merecido la pena.

     Regresamos, y llegados de nuevo al puente de madera sobre el río Aguilón, en vez de cruzarlo para volver por el mismo camino, podemos optar por continuar por la margen derecha del río, siguiendo la senda que, sin pérdida alguna, nos conducirá al área recreativa de Las Presillas. Una vez en el monasterio, inicio y fín de la ruta, habremos recorrido unos 12 kmts. e invertido de 3 a 3 horas y media. Conviene apuntar que ésta es la ruta más larga, siendo el resto muchísimo más cortas: más que rutas son paseos.
   
     Nos dirigimos ahora en coche hasta el pueblo de Lozoya, donde cogemos la carretera de Navafría, pasaremos por el puerto del mismo nombre, que hace de límite provincial entre Madrid y Segovia, y poco antes de llegar al pueblo sale una carreterilla a la izquierda, con indicador de madera, que nos lleva al área recreativa de "El Chorro", donde hay piscinas naturales, chiringuito (en verano) y tirolinas. Dejando el coche junto a éstas, veremos un cartel de madera que nos indica la senda que nos lleva a la cascada que forma el Arroyo del Chorro, por cuya margen izquierda iremos durante aproximadamente un kilómetro y medio hasta dar con ella.

     Quedaremos impresionados por este espectacular salto de agua, tanto por su altura como por su gran caudal, sobre todo ahora en primavera. Para no volver por el mismo camino, podemos regresar por la margen derecha del arroyo, cuya senda nos devolverá de nuevo sin pérdida alguna al área recreativa, habiendo invertido entre la ida, la vuelta y un rato de estancia en la cascada, una hora aproximadamente (o lo que quiera cada uno).

     Cogiendo el coche nos adentramos de nuevo en tierras madrileñas, pasamos otra vez por Lozoya, y nos dirigimos hacia el pueblo de Canencia, lo atravesamos e iniciamos la subida en dirección a Miraflores de la Sierra hasta lo alto del puerto, donde estacionamos en la preciosa área recreativa que allí se encuentra.
   
     Nos disponemos a hacer la ruta de la cascada de Mojonavalle, para lo cual nos echaremos a andar por la pista forestal que sale hacia poniente, junto a una fuente formada por grandes pilastras graníticas, entre las cuales sale un gran chorro de un agua tan buena como fresca. Esta pista asciende en suave pendiente hasta unas instalaciones que se utilizan para campamentos de verano. En este punto, cogemos a la derecha una senda señalizada, en descenso, que en poco nos lleva hasta el mirador de madera que hay frente a la cascada.

     Es ésta de gran altura, en escalera, muy dependiente de las lluvias o nieves que hayan caído recientemente, pero si la cogemos con un cierto caudal resulta muy espectacular.

     Hasta aquí habremos caminado 3 kmts., sin mayor dificultad, regresando por el mismo camino al área recreativa del puerto de Canencia.
   
     Ahora cogemos el coche para desplazarnos hasta el pueblecito de San Mamés. Nada más pasar por el mismo en dirección a Villavieja y Buitrago, junto a la carretera encontramos una ermita (muy bonita, por cierto), frente a la que sale un camino que tomaremos hasta llegar a una granja y una quesería, donde hay una barrera. Aquí estacionamos para echarnos a andar siguiendo el camino en subida, hasta llegar a un refugio donde se acaba el mismo. A partir de aquí seguimos la senda recorriendo el pinar, vadearemos dos pequeños arroyos y tras subir una suave loma ya divisamos la cascada, larga y tendida, pero muy bonita y con buen caudal normalmente.

     Volviendo al coche por el mismo camino, habremos hecho entre ida y vuelta 6 kmts.
   
     Ahora tenemos un ratito de coche para salir del valle del Lozoya, cogiendo la A-1 sentido Burgos, hasta el pueblo de Somosierra, donde tomamos la antigua N-I, para bajar el puerto en el mismo sentido durante un kilómetro aproximadamente, donde veremos un caminito de tierra que sale a la derecha. Aquí estacionamos, y andando por él unos 300 metros, vadeamos el Arroyo de las Pedrizas. Nada más cruzarlo tenemos dos opciones: coger la senda que sale a la derecha, y que en unos 200 metros nos sitúa frente a la cascada, con una espectacular vista panorámica de la misma; o seguir el camino otros 100 metros, y nada más cruzar el Arroyo de la Peña del Chorro coger la senda que sube por la derecha, que atraviesa una pequeño muro, y en otros 200 metros nos deja en mitad de la cascada.

     En este salto de agua el caudal viene concentrado y en caída libre por su parte más alta, luego baja más tendido, y finalmente se descuelga disperso por la superficie de una gran roca. En definitiva, una cascada tan grande como diversa la que forma el Arroyo de la Peña del Chorro, que un poco más abajo, al confluir con el Arroyo de las Pedrizas, acaban formando ambos el río Duratón.

     Aquí concluimos esta ruta de cascadas en la mejor época del año para verlas. Vayan a una, a dos, o a las que quieran, pero disfruten de ellas y de su entorno.

     Saludos

 EL RURAL


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