martes, 5 de junio de 2018

Primer Premio del V Concurso de relatos hiperbreves ma non troppo “La siguiente la pago yo”



EL PUNTO ROJO

Hasta que cerraron el féretro, estuve mirándote angustiada.

El raso blanco que forraba el ataúd, contra el azul oscuro de tu traje de alpaca; la seda estampada de la corbata, sobre tu impecable camisa. Parecías dormido, no muerto, y estabas muy guapo. Tenías ese gesto soñador que echaba de menos los últimos años. Y tus manos, esas que tantas veces me acorralaron, me zarandearon y me golpearon, parecían dos pacíficas palomas blancas enredadas en las cuentas del rosario.

Entre el cuarto y quinto dedo de la mano derecha, ese pequeño punto rojo que no vieron en la autopsia. Tus dedos abiertos, parecían querer mostrar el lugar exacto donde te inyecté la insulina, ésa que te llevó a la tumba dulcemente, y a mí me devolvió la vida.

Estuve mirándote angustiada, hasta que cerraron el féretro.

Virginia Reguera Parra

domingo, 3 de junio de 2018

VALLE DE RONCAL 7/7

      Ya en territorio navarro, nuestra siguiente parada es Ochagavía, pueblo muy turístico por la belleza de su entorno y por ser puerta de entrada a la Selva de Irati. Su arquitectura es similar a la de Ustárroz, casas blancas con sillería gris que jalonan el curso del río Anduña, con su bonito puente medieval de dos ojos con arcos rebajados. Este río desemboca en el mismo casco urbano en el Zatoia, conformando ambos el Salazar, que aguas abajo pasará por la Foz de Arbayún, que visitamos anteriormente.

     A las afueras se encuentra la ermita de Nuestra Señora de Muskilda, coronada por una curiosa estructura cónica que cubre su campanario, y con buenos retablos en su interior. Al situarse sobre un cerro, la ermita nos sfrece preciosas vistas de la montaña.

      Desde Ochagavía parte la carretera de montaña que en 25 kmts. nos deja en los aparcamientos del Parque Natural de la Selva de Irati. En la caseta de información los agentes forestales nos darán detalles sobre las distintas rutas de senderismo que podemos hacer para conocer este paraje, todas bien marcadas, en el que tenemos el hayedo más grande de toda la Península Ibérica. Vamos a destacar tres de ellas, sencillas, que parten todas del parkin.

    La primera se llama "Sendero del bosque de Zabaleta" y recorre el hayedo por una cómoda senda hasta llegar al encantador embalse de Irabia, y regresa por una pista forestal junto al río Irati, haciendo un total de 8 kmts.

      La segunda se llama el "Paseo de los Sentidos" y recorre una senda botánica que pasa junto a la ermita de la Virgen de las Nieves, dotada de carteles explicativos sobre los árboles y plantas que nos vamos encontrando. Es una circular de tan solo 2 kmts.

      Y la tercera nos lleva por una cómoda pista forestal en ligera subida, junto al río Urbeltza, hasta la Cascada del Cubo, hermosa cadena de pequeños saltos de agua, en un recorrido de unos 3 kmts. ida y vuelta por el mismo camino.

      Además de estas sencillas rutas, también podremos informarnos sobre otras de mayor dificultad que también tienen aquí su punto de partida.

     Los aparcamientos forman parte del área recreativa llamada Virgen de las Nieves, por encontrarse junto a su ermita, y está dotada de merenderos y restaurante. En este punto se unen los ríos Urbeltza y Urtxuria dando lugar al Irati, que mucho más al sur formará la Foz de Lumbier, que ya vimos al principio.

      Y en este bellísimo parque natural terminamos nuestra ruta, que recorrió el Valle de Roncal y otros muchos y variados lugares de esta zona del nordeste navarro. Aún no me he ido y ya estoy pensando en volver a la Selva de Irati para otoño, al imaginarme el colorido que tendrá el hayedo entonces...


Selva de Irati. Embalse de Irabia



Arquitectura de Ochagavía




SALUDOS

EL RURAL

martes, 29 de mayo de 2018

Segundo Premio del V Concurso de relatos hiperbreves ma non troppo “La siguiente la pago yo”



LAS FILAS DEL MAL

Confieso que no pude evitar entrar en las filas del mal. Me alisté en el ejército del Diablo y él fue mi guía y mi guardián. Me arrastré por el camino de la maldad desde que una noche, al despedirnos, me dijiste que yo era todo para ti y que nunca me olvidarías. Ha pasado un año y todavía no sé nada de ti. De tu menosprecio creció en mí un deseo incontrolable por ser tan terriblemente malo que me llevó a hacer actos de dudosa moralidad.

Comencé a frecuentar lúgubres locales, me relacioné con gente despreciable y tuve irrefrenables ataques de ira contra la gente de bien. Arrastrado por oscuras intenciones, me aficioné al vudú y practiqué con una muñeca obesa como tú. Para perfeccionar mi vileza, me uní a una secta de magia negra, donde aprendí conjuros y oficié misas satánicas por encargo.

Con la resaca de una maléfica noche, me compré una túnica con ribetes morados y un ataúd de nogal que vendían a precio de saldo. Desde entonces duermo en mi ataúd de importación y hablo del bien y del mal con un búho de madera que robé en un mercadillo.
En mi insaciable afán de beber de todas las fuentes del mal, visité a un vidente africano que leyó el poso de un vaso que contenía aguardiente de dudosa calidad. Puso los ojos en blanco y me dijo que ahora tenías un novio formal al que conociste en una terapia para fumadores compulsivos. También que tenías intención de hacerte diabética para no comer más dulces y ponerte todavía más gorda. Imaginé a tu novio, entrado en carnes como tú, escondiendo todos los espejos de la casa para que no vieras tu deplorable imagen. Le di algo de propina para saber dónde encontrarte, pero solo supo decirme que seguías viviendo en el barrio. Así que algunas noches tocaba los timbres de los portales por si reconocía tu voz a través del interfono, y otras me entretenía reventando los buzones de los vecinos por si me habías escrito cartas con la dirección equivocada.

Me dediqué obsesivamente a espiar a los vecinos. Así supe que el Demonio era un ser egoísta y obsceno que todas las noches visitaba a las solteras de mi calle y las atemorizaba con el fuego eterno para llevárselas a la cama. Un día descubrí que vivías en el edificio de enfrente y que el Maligno te visitaba todas las noches, porque os veía salir desnudos al balcón a fumaros un cigarrillo tras otro.

Pero llegó el día que decidí olvidarme de ti para siempre. Empeñé la túnica y el ataúd y desde entonces soy un tipo corriente: me gusta mirar el escote de las cajeras, robo bolis de la copistería y de vez en cuando dejo que mi perrita orine en el ascensor.

Jesús Miguel Valls López

lunes, 28 de mayo de 2018

Tercer Premio del V Concurso de relatos hiperbreves ma non troppo “La siguiente la pago yo”



ESPECTROS

Como dice mi amigo Guti en mi pueblo somos de mal morir. Nosotros, por disimular, preferimos decir que somos gente formal, de dejar todo atado y bien atado, pero en el fondo no le quito la razón.

Es tradición que el que muere y deja algo pendiente se aparezca a sus allegados para que lo rematen (no a él, se entiende, sino el asunto).

Lo que empezó como algo extraordinario, yo qué sé, un abuelo que tenía escondido un talego de monedas de oro, la escritura de una finca en Cuba o el cadáver de un vecino, se ha banalizado de tal forma que más que un misterio lleno de romanticismo se ha convertido en un latazo de padre y muy señor mío.

Los que quedamos nos estamos convirtiendo en esclavos del más allá por los motivos más triviales: que si busca la dentadura postiza, la buena, y júrame que la usarás, que si esconde el chocolate que me lo roba la vecina “¡pero abuela, si tiene 101 años! ¡Que lo roba te digo! ¡A que te doy un mortajazo!”.

Pero vamos, que yo, a mis 18 años, me pase todas las tardes de mis vacaciones en el pueblo viendo la novela no tiene perdón de Dios. Que si al tío Luis le da vergüenza que le pillen viendo la tele allá él, que ya es difunto de sobra para no tener que dar explicaciones. Pero él erre que erre, “Luisito hijo, que para eso llevas mi nombre, que soy tu padrino, ¿cómo me vas a quitar el capricho, ya quisiera yo no haberme muerto, ya, y seguir viéndola a escondidas desde el cuarto de la prima Elena”. Así que aquí me tenéis, por el capítulo 1.157 de desamores y desdichas.

Lo que no acabo de entender es dónde se mete mi tío mientras yo veo la tele, que ya podía traerme un café. Claro que tampoco entiendo por qué a mis sucesivas novias cuando vienen al pueblo les da por dormir la siesta en el cuarto de la prima Elena y se levantan con ese arrebol en las mejillas, ¿verán la tele a escondidas?

En fin, lo anoto en tareas pendientes, ya se ocupará mi ahijado Luisín en su momento, que está empezando la novela.

Susana Romero Martín

domingo, 27 de mayo de 2018

VALLE DE RONCAL 6/7

      Nos adentramos en territorio francés, pasaremos por la estación de esquí de "Arette La Pierre Saint Martin", y nos dirigimos hacia el pueblecito de Santa Engracia para visitar la Garganta de Kakueta. Se trata de una ruta andando por una senda que parte de un bonito lago de aguas color turquesa, y se introduce en un estrechísimo cañón de 2 kmts. de largo. Menos una cuesta al principio, el resto del recorrido es totalmente plano y está muy arreglado, resultando muy cómodo y accesible. La garganta en algunos tramos tiene tan solo un par de metros de anchura, quedando espacio solo para el arroyo y la pasarela peatonal, que a veces tiene que ir sujeta encima de las aguas, y en otras ocasiones el camino va horadado en la propia roca, siempre, eso sí, con una barandilla protectora.


    Entre estas paredes verticales, repletas de vegetación diversa y musgo, a veces se descuelgan hermosas cascadas, siendo la más espectacular la que hay casi al final del recorrido, tanto por su altura como por su caudal, que cae desde el interior de una gruta situada a unos 10 mts. de altura.

      Poco después la senda finaliza al adentrarse en una cueva de la que brota el agua que en parte alimenta al arroyo. Aquí toca volver sobre nuestros pasos para disfrutar otra vez de esta maravilla natural, esta vez desde la perspectiva contraria. Cuatro kilómetros ida y vuelta que recordaremos siempre por la magnitud de su belleza.

      Seguimos recorriendo en coche estos verdes valles y montañas del Pirineo francés, donde al agua aparece por todos los rincones, hasta llegar a la localidad de Larrau donde, siguiendo las indicaciones del espacio natural llamado "Holartze", llegaremos hasta un parkin donde dejamos el vehículo para echarnos a andar por una senda que, en 2,5 kmts., nos dejará en la "Pasarela de Holartze", un espectacular puente colgante de 50 metros de largo que salva un desfiladero de 200 de profundidad. No apto para los que tengan vértigo. Cinco kmts. ida y vuelta de cierta dificultad, pero sin llegar a ser demasiado duros, y que bien merecen la pena.

      De vuelta a Larrau tomamos la carretera que nos devuelve a España por el puerto del mismo nombre, en cuya cima y alrededores, y si el día está claro, tenemos grandiosas panorámicas. También nos puede suceder que los valles estén cubiertos de niebla y este alto se encuentre con buena visibilidad, quedando el mar de nubes por debajo nuestro, recordándonos esta vista a la que tenemos cuando viajamos en avión.



Entrada a la Garganta de Kakueta


Final de la Garganta de Kakueta

SALUDOS

EL RURAL

... / ...


miércoles, 23 de mayo de 2018

Recordatorio: Entrega de Premios del V Concurso de Relatos Hiperbreves ma non troppo "La Siguiente la Pago Yo"

Queridos amigos,

os recordamos que la Entrega de Premios del V Concurso de Relatos Hiperbreves ma non troppo "La Siguiente la Pago Yo" tendrá lugar este viernes, 25 de mayo, a las 22:30, en la Cafetería del Ateneo de Madrid, en la calle Santa Catalina, 10.

Durante el acto, además de entregar los premios, se leerán los relatos ganadores.

Como siempre, todos los asistentes serán invitados a una cerveza, vino o refresco.

Será un placer contar con vuestra presencia.

domingo, 20 de mayo de 2018

VALLE DE RONCAL 5/7

      De nuevo en el parkin cogemos el coche para acercarnos a Ustárroz, otro precioso pueblo rodeado de montañas cubiertas de extensos bosques de pino y roble. Sus calles empedradas y sus casas blancas con sillería gris en esquinas, ventanas, puertas de arco de medio punto y planta baja, hacen del conjunto un maravilloso ejemplo de lo bella que puede llegar a ser la arquitectura rural.

     Una bonita senda que discurre entre vegetación frondosa nos lleva hasta la ermita de la Virgen del Patrocinio, situada sobre el pueblo, ofreciéndonos preciosas vistas del mismo y de su entorno.

      Destacar también la arreglada piscina natural que hay sobre el río Ustárroz a su entrada al pueblo.

      Volvemos de nuevo hasta Isaba para coger la carretera que sigue el curso del río Belagua. Nos introducimos en una zona estrecha y enseguida nos encontramos con dos bonitos puentes medievales, poco antes de salir al amplísimo valle de Belagua. Una vez en éste, paramos en el espacio natural conocido como Mata de Agua, un pequeño pero bien conservado bosque de hayas por el que podemos dar varios paseos señalizados adaptados también para invidentes.

      A partir de aquí la carretera se introduce en alta montaña y empieza a empinarse, convirtiéndose en un sinfín de curvas a cuyo paso nos iremos encontrando parajes y panorámicas de gran belleza. Enseguida llegaremos a la Venta de Juan Pito, bonito y típico restaurante de montaña especializado en comida pirenaica, donde comer unas migas de pastor se antoja imprescindible. Desde aquí, con la altura que ya hemos ganado, la vista del valle de Belagua es impresionante, casi a vista de pájaro, con sus zonas de pasto en el fondo, los inmensos pinares que cubren las laderas de las montañas, y las cumbres coronadas de espectaculares formas pétreas.

      Seguimos por la carretera, que va discurriendo por entre altísimas montañas, collados y valles, donde el verde lo cubre todo, hasta que llegamos a unos grandes aparcamientos donde se encuentra el Centro de Esquí Nórdico Larra-Belagua, unas pistas de esquí de fondo. Si al visitarlas no hubiera nieve y por lo tanto no estuvieran en uso, podemos utilizarlas para dar agradables y cómodos paseos de montaña andando por la hierba que las cubre.

      A partir de aquí entramos en la Reserva de Larra, un parque natural donde la piedra y el pino se mezclan formando un curioso y hermoso paraje, adornado de fondo por impresionantes picos rocosos que superan los 3.000 mts. de altitud.

      Poco después llegamos a la frontera entre España y Francia, donde un mojón de piedra nos marca la linde entre los dos países. Justo al lado está la Piedra de San Martín, donde cada mes de julio se reúnen miles de habitantes de los dos valles que allí confluyen, para renovar una costumbre ancestral por la que los alcaldes del lado francés rinden tributo a los del lado español, dándoles unas reses a cambio de permitir que sus rebaños accedan a los pastos navarros.

      Desde aquí podemos hacer una ruta de senderismo consistente en subir al cercano Pico Arlas, de 2.044 mts. de altitud, que no es larga ni complicada teniendo en cuenta que la Piedra de San Martín está en un collado a casi 1.800 mts.



Puente medieval en el Valle de Belagua



Panorámica pirenáica

SALUDOS

EL RURAL

... / ...



Licencia Creative Commons
La siguiente la pago yo por Rick, Diógenes de Sinope y Albert se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.