domingo, 24 de enero de 2016

SIERRA DE GATA Y LAS HURDES 4/4

     Tras pasar junto al límite provincial con Salamanca, pero sin abandonar territorio cacereño, nos adentramos en el barranco del río Ladrillar y llegamos a Ríomalo de Arriba, curioso pueblo por su mezcla de casas abandonadas y rehabilitadas, con bonitos tejados de pizarra antigua y en un precioso entorno de montaña y bosque. Destaca también su arreglada piscina natural junto a un puente de piedra con arco de medio punto.
   
     Siguiendo la carretera llegamos a Ladrillar, otro hermoso pueblo encalado en el barranco, rodeado de bosque y montaña. Sus calles son muy empinadas por la orografía del terreno, y su arquitectura es diversa, pero con buenas casas. La iglesia tiene una bonita fachada y espadaña de piedra, material también empleado en el ayuntamiento.

     Cabezo es otro pueblo rodeado de naturaleza desbordante, donde destaca una urbanización de casas-cabaña de piedra que son alojamientos rurales.
   
     Llegamos ahora a Ríomalo de Abajo, localidad muy turística por los abundantes atractivos naturales de su alrededor, pudiéndose hacer cantidad de rutas de senderismo, destacando también su grandísima piscina natural y la desembocadura del río Ladrillar en el Alagón.

     Y para poner el punto y final a nuestro recorrido por Las Hurdes nos vamos a dirigir a uno de los lugares más visitados de esta zona: el Meandro del Melero. En el pueblo está indicada con un cartel la pista forestal, primero asfaltada y luego de tierra, que nos lleva en unos 3 kmts. al mirador desde el que tenemos unas vistas increíbles de este bellísimo meandro que forma el río Alagón en la cola del embalse Gabriel y Galán, el cual divide por aquí las provincias de Cáceres y Salamanca. Forma un ángulo de casi 360 grados, está totalmente rodeado de pinar y montaña y, en función del nivel de las aguas y de la época del año, se forman a veces preciosas playas de hierba en las orillas. Un lugar encantador.


     Y aquí, contemplando estas maravillosas vistas, terminamos nuestro viaje. ¡Cuántos recuerdos...! Me pongo un poco nostágico, pero la satisfacción de lo visto y vivido, y el ponerme a pensar en nuevas aventuras me hacen esbozar una sonrisa.

SALUDOS

EL RURAL


Riomalo de Arriba

Ladrillar


domingo, 17 de enero de 2016

SIERRA DE GATA Y LAS HURDES 3/4

     Nuestra primera parada sería Ovejuela, que está muy cerca de Robledillo a través de la montaña, pero para llegar por carretera hay que dar un rodeo de casi 50 kmts., si bien es verdad que desde esta primera localidad hurdana ya tenemos salida al resto de la comarca.

     Unos 500 mts. antes de llegar a Ovejuela veremos un bonito mirador de piedra de pizarra con merenderos, desde el cual tenemos buena vista panorámica del pueblo y de su bello entorno natural, salpicado de abundantes arroyos, con el agradable sonido del discurrir de sus aguas oyéndose por todas partes. Una vez que entramos en el casco urbano, veremos un antiguo molino rehabilitado junto al río Ovejuela, y accedemos a la plaza, desde la que nos introducimos en sus estrechas y empinadas callejuelas, algunas con bonitas casas de piedra y otras con viviendas totalmente encaladas, de un blanco impoluto.
   
     Por los alrededores del pueblo hay infinidad de hermosas sendas para pasear por ellas y disfrutar del entorno, pero vamos a destacar la que nos lleva a la cascada de "El Choritero", situada a 2 kmts., y que no presenta apenas dificultad. Parte junto a la iglesia, entre huertas y frutales, y al poco de salir del pueblo pasa por una piscina natural, muy bien arreglada, donde se cruza el río para seguir la senda que, sin pérdida alguna, acabará en este salto de agua de varias decenas de metros de altura, más espectacular cuanto más caudal tenga, que derrama sus aguas en una preciosa poza de aguas transparentes, entre musgo y vegetación diversa. Un lugar para hacer una larga pausa, antes de regresar por el mismo camino.
   
     Desde Ovejuela nos adentramos de lleno en Las Hurdes, pasamos por Pinofranqueado, Caminomorisco y Nuñomoral, tres de las cuatro localidades que ejercen de partido judicial en la comarca, acogiendo administrativamente cada una de ellas a gran cantidad de pequeños pueblecillos.

     Uno de éstos, perteneciente a Nuñomoral, es nuestra siguiente parada: El Gasco. Se encuentra situado en la garganta que forma el río Malvellido, y la entrada al pueblo nos recibe con varios restaurantes y un enorme pilón donde todavía sacian su sed los burros que aún se utilizan por estas tierras para las labores campestres. Subiendo hacia la parte alta nos encontramos con el Centro de Recepción de Visitantes, antigua casa rehabilitada de arquitectura hurdana que podemos visitar por dentro.
   
     Una vez visto el casco urbano, podemos hacer una corta ruta de senderismo de 1,5 kmts. hasta la cascada de "La Miancera", sin más dificultad que la pendiente algo pronunciada en su último tramo. La senda está señalizada y parte del centro del pueblo, discurriendo primero por la arreglada orilla del río Malvellido, donde tenemos bonitas vistas de las casas casi colgando sobre el barranco, para luego ascender remontando las aguas del Arroyo de la Miancera, afluente de aquél, hasta llegar a este espectacular salto de agua que se descuelga por un paredón rocoso casi vertical de 100 mts. de altura.
   
     Comentar también que cerca del pueblo se encuentra el Volcán de El Gasco, a cuyo cráter se puede ascender por otra ruta de senderismo de mayor dificultad.

     Aquí en El Gasco la carretera termina, por lo que, para seguir nuestro recorrido por Las Hurdes, debemos regresar a Nuñomoral, lo que nos permitirá ver una preciosa panorámica de la pequeña localidad de Fragosa que no tuvimos al pasar en sentido contrario.
   
     Desde Nuñomoral tenemos salida hacia Casares de las Hurdes, la otra población que ejerce de partido judicial en la comarca, donde hacemos parada para recorrer su bonito casco urbano, de arquitectura diversa pero bien cuidada y calles empedradas con regateras. El ayuntamiento es muy llamativo por sus grandes dimensiones y su belleza, con blanca fachada y largo soportal adornado por siete arcos de medio punto. La iglesia tiene una bonita espadaña de piedra cubierta de plantas, separada del edificio principal. Desde la parte alta del pueblo tenemos buenas vistas de las altísimas montañas que lo rodean.

SALUDOS

EL RURAL
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Ovejuela

Alrededores de Ovejuela

El Gasco

Casares de las Hurdes


domingo, 10 de enero de 2016

SIERRA DE GATA Y LAS HURDES 2/4

     Según nos acercamos a Santibáñez el Alto, vemos que el nombre del pueblo no está puesto por casualidad, ya que avistamos su casco urbano allá en la cima de una elevada montaña. Una vez arriba las vistas son magníficas: las montañas de la Sierra de Gata y Las Hurdes hacia el norte, y la planicie cacereña hacia el sur, con el embalse de Borbollón en primer término.
   
     Recorriendo sus calles veremos hermosos rincones rústicos y algunas casas con soportales con columnas de piedra protegiendo la entrada. Y en la parte más alta se encuentra el castillo con su doble recinto amurallado, ubicándose el cementerio dentro del primero, y algunas casas y su rústica plaza de toros en el segundo.

     Cadalso es otra localidad que bien merece un paseo para ver sus bonitas calles con casas de piedra en la planta baja y encaladas las superiores, y buenas balconadas de madera o de piedra con rejería. El ayuntamiento presenta una bonita fachada blanca con columnas, ventanas y barandilla de madera.
   
     En Descargamaría destaca su bonito ayuntamiento color plátano, con su torre-reloj y sus arcos rebajados en la planta superior. Saliendo del pueblo hacia Robledillo veremos la espléndida piscina natural sobre el río Arrago, con buenos muros de piedra dotados de escaleras metálicas para bajar al agua, y potentes compuertas para retenerla durante la época de uso. Además la entrada de agua a la piscina se adorna en una pequeña pero bonita cascada.

     Cerquita de Descargamaría se encuentra Robledillo de Gata, última parada en esta sierra. Se trata, sin duda, del pueblo más bello de estas montañas, donde la naturaleza y la arquitectura popular se unen ofreciéndonos un precioso espectáculo.
   
     Tras estacionar en el aparcamiento de la parte baja del pueblo, junto a la ermita del Humilladero, nos introducimos en sus calles estrechas y empinadas, y vemos las buenas casas de piedra, más labrada en unos casos y menos en otros, conformando todas un casco urbano de gran belleza, con abundantes pasadizos bajo las viviendas.

     Mención especial merece el ayuntamiento, gran caserón de piedra, con el escudo de la villa, buhardillas y torre-reloj con pequeña espadaña. Otro edificio cuya visita es imprescindible es el Museo del Aceite "Molino del Medio", antigua almazara bien conservada donde veremos el proceso de elaboración del aceite. Decir también que la iglesia es muy bonita por dentro.
   
     Una vez recorrido el casco urbano, del que no conviene perderse prácticamente nada, podemos dar un paseo por el perímetro del pueblo, que nos permitirá tener otras perspectivas del mismo, y disfrutar del precioso entorno natural y de los múltiples arroyos que lo bañan. Para ello, subiremos por detrás de la iglesia para salir a una senda que recorre la parte alta, donde tenemos magníficas panorámicas del pueblo y de las montañas de alrededor. Caminando entre frondosidad vegetal, enseguida atravesamos por una pasarela de madera un arroyo que unos metros aguas arriba exhibe una bella cascada.
   
     Poco a poco el camino va descendiendo hasta llegar a la orilla del río Arrago, que bordea el pueblo por toda su parte baja. Veremos una piscina natural y varias cascadas, y siguiendo la orilla del río aguas abajo por una arreglada senda de cemento y piedra, entramos en una estrecha cerrada donde, a un lado, están las primeras casas del pueblo, y al otro una amplia zona de huertas, comunicándose ambas orillas por distintas pasarelas de madera.

     Aquí acabamos nuestro recorrido por la Sierra de Gata, en el límite ya con Las Hurdes, donde nos adentramos a partir de ahora.

SALUDOS

EL RURAL
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Santibáñez el Alto

Cadalso

Robledillo de Gata

Robledillo de Gata



domingo, 3 de enero de 2016

SIERRA DE GATA Y LAS HURDES 1/4

     Regresamos a la hermosa Extremadura para recorrer en esta ocasión la Sierra de Gata y la comarca de Las Hurdes, situadas al norte de la provincia de Cáceres, haciendo frontera con el sur de Salamanca.

      La Sierra de Gata es una zona de montaña con cimas que rondan los 1.500 metros de altitud, y un alto índice de precipitación, lo que se traduce en la multitud de cursos de agua que la recorren formando gran cantidad de piscinas naturales distribuidas por todos sus pueblos y alrededores, circunstancia que atrae a gran cantidad de bañistas en época estival, además de la belleza de estas montañas y sus pueblos.

     La colindante comarca de Las Hurdes es un área de montaña con un elemento geográfico muy frecuente: las gargantas. Recorriendo la zona por sus sinuosas carreteras disfrutaremos de espectaculares barrancos, sobre cuyas laderas se descuelgan hermosos pueblos.
   
     Empezamos por la Sierra de Gata, que iremos recorriendo de oeste a este, para después enlazar con Las Hurdes. Partiendo de la localidad más grande de esta zona, Coria, de la que ya hablamos en los artículos de "La Raya Extremeña", subimos hacia el norte pasando por Moraleja hasta situarnos en nuestra primera parada: San Martín de Trevejo.

     Es éste un pueblo que destaca por su bella arquitectura popular: casas con buenos sillares en su planta baja, siendo las altas en voladizo para ganar espacio, forradas con entramado de madera y ladrillo en unos casos, y encaladas en otros. Las calles están empedradas y por algunas de ellas discurren regateras que recogen distintos cursos de agua que bajan de la montaña.
   
     Al pasear por el pueblo también veremos su bonita Plaza Mayor, con su fuente de piedra en medio, los soportales con arcos rebajados, la iglesia a un lado y el ayuntamiento al otro con su larga balconada de madera.

     Salimos de San Martín para dirigirnos hacia Trevejo, precioso pueblo de ganaderos ubicado en lo alto de la montaña, en un bellísimo entorno natural. El casco urbano es muy uniforme, con casas construidas con el mismo tipo de piedra y la misma teja anaranjada. Sus calles naturales, sin empedrar, cubiertas por la hierba, le dan todavía más encanto.
   
     Justo encima del pueblo hay un castillo en estado ruinoso, donde conviene subir (sin acercarnos demasiado a él, no se nos vaya a caer encima) para contemplar las magníficas panorámicas que hay desde este alto, y más si es en primavera, cuando todo está más verde. Bajo el mirador veremos una alargada ermita, cuya espadaña está separada del edificio, con el cercano pueblo de Villamiel al fondo.

     Seguimos nuestra ruta y llegamos a Hoyos. Tras dar un paseo por sus calles, a las afueras del pueblo veremos el desvío señalizado de la estrecha carretera que nos conduce en pocos kilómetros hasta unas amplias piscinas naturales, muy arregladas, con chiringuito en verano, en un arroyo con un bello entorno de ribera.

     Cerca de Hoyos se encuentra Acebo, que también merece una vuelta por su casco urbano, dividido en dos por un caudaloso arroyo. Saliendo del pueblo hacia Gata, veremos sus espléndidas piscinas naturales, una situada bajo un bonito puente de piedra con arco de medio punto, y la otra, en el lado opuesto de la carretera, con una curiosa compuerta para retener el agua en verano, y buenos accesos con escaleras también de piedra.
   
     Nos dirigimos ahora hacia el pueblo que da nombre a esta sierra: Gata. Tiene su casco urbano un aspecto más señorial que los demás por esta zona, ya que es la piedra de buena sillería en todas las plantas la que abunda en sus viviendas, al menos por el centro. Junto a la plaza llama la atención una curiosa fuente de piedra en esquina adornada con un gran blasón. Palacetes y casas blasonadas completan un conjunto arquitectónico de gran valor.

     En la parte alta del pueblo tiene su inicio una ruta de senderismo consistente en ascender hasta la Torre de la Almenara, antigua atalaya de vigilancia situada en la cima de una alta montaña a las afueras del pueblo, desde la que hay extraordinarias vistas. La ruta tiene unos 8 kmts. ida y vuelta por la misma senda, está bien señalizada, es un recorrido muy bonito y no tiene especial dificultad.
   
     Seguimos ahora hacia Torre de Don Miguel, pueblo rodeado de frutales y almendros, en el que veremos su monumental iglesia con torre almenada, a la que va adosado un habitáculo de piedra y ladrillo que alberga el reloj. En los alrededores de la plaza hay un buen número de pasadizos bajo las casas, recurso arquitectónico habitual en los pueblos ubicados en pendiente.

SALUDOS

EL RURAL
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Piscina natural de Hoyos


Calle del pueblo de Gata



jueves, 3 de diciembre de 2015

Navidad

Damas y caballeros, ha llegado la Navidad. Ya sé que es tres de diciembre, pero eso no tiene importancia.

Si seremos una sociedad enferma que celebramos con inmensa alegría nuestra propia renuncia a controlar nuestras vidas. Compramos cuando nos lo proponen, globalizando el "Black Friday" y el "Cyber-Monday" y al Pato Donald si es menester. Vivimos pendientes de la llegada del viernes, como si el único horizonte posible en nuestras vidas fuese no ir a trabajar, estigmatizando ese trabajo que nos da de comer. Un trabajo del que renegamos por sus condiciones, las mismas que hemos soportado que nos impongan los mismos que nos seducen con las rebajas de verano, las cuentas remuneradas y los créditos "que te hacen libre".

Si será triste que, a Dios rogando y con el mazo dando, hasta los más fervientes creyentes festejan sin rubor el hecho de que los símbolos religiosos se hayan transformado en puras mercancías. Si al Padre Sabino, mi profesor de latín del colegio, le voy yo con el cuento de que el inicio de la Navidad lo determina la publicidad de los centros comerciales, me suelta una galleta que me pone en órbita. Pues ahora es eso, y la Semana Santa es el tiempo de la escapada a Bali, Santiago Apóstol es un puente veraniego y la Inmaculada es el festivo que empalma con la Constitución.

Lo curioso es que luego nos desgarramos las vestiduras cuando alguien pretende eliminar un crucifijo de un espacio público. Y viceversa, que los perseguidores de crucifijos terminan por justificar que una mujer pasee por la calle disfrazada de mesa camilla por tolerancia con una identidad cultural que, por lo que se ve, es más respetable que la tradicional del terruño. Nos volvemos nacionalistas de lo mínimo, en vez de avanzar hacia la única globalización que puede salvar a las generaciones venideras, que no es otra que la universalización de los valores de los derechos humanos y de la justicia social. Somos capaces de inmolarnos en defensa de una lengua agonizante que hablan tres, pero ser bilingües en un idioma universal nos parece tan baladí que ni los Presidentes del Gobierno tienen porque hablarla. Charlamos de las Conferencias y los Protocolos en defensa del medio ambiente con suficiencia, la misma que nos falta para recoger la basura que hemos generado en una chuletada en el Guadarrama. Pedimos, desde el volante de nuestro coche atascado entre otros miles de coches, medidas para reducir la contaminación. Y así, hasta el infinito. Y más allá.

Pues nada. Que ya es Navidad. Según cuentan los viejos de la residencia, algo relacionado con el nacimiento de un niño en alguna parte del Medio Oriente o no sé qué leches...Eso sí, se nos saltarán las lágrimas viendo películas de serie B en las que un espíritu navideño anglosajón restablece la felicidad en el hogar de los Smith. Que eso sí que es navideño.


sábado, 21 de noviembre de 2015

El nombre de los nuestros

Vivimos tiempos convulsos, no hay duda. Pero si además de ver “8 apellidos catalanes” o similares, consumiéramos historia, nos daríamos cuenta de que podríamos aprender mucho. “El nombre de los nuestros” no puede, de forma estricta, clasificarse como historia, porque es una novela, pero según su autor, bebe de fuentes directas, de alguien que vivió los sucesos a los que nos remonta, por lo que para mí es historia con mayúsculas.
El desastre de Annual fue un acontecimiento que marcó la también convulsa época del primer tercio de siglo XX en España, en la que los restos del imperio colonial español se estaban terminando de desmoronar. Esta maravillosa novela ahonda en lo que apenas se cita en los libros de historia: en las penalidades, preocupaciones y angustias de los auténticos protagonistas, que eran los soldados. En la certeza de una muerte inminente por una causa que, llegando el momento supremo, casi ninguno comprende, es sobrecogedor ponerse en la piel de aquellos que la van a entregar.
Lorenzo Silva es conocido sobre todo por su saga de Bevilacqua y Chamorro, que ya hemos recomendado vivamente. Pero Silva es mucho más. Es una persona con criterio, ecuanimidad, sentido común, clarividencia, y además con una literatura que de forma magistral atrapa al lector de forma irremisible. Es un escritor que va manteniendo una progresión constante, siempre a mejor, y cuyo techo yo no soy capaz de vislumbrar. Si la Real Academia es una institución justa, tendrá un sillón para él, con toda seguridad. Y de ahí en adelante.
“El nombre de los nuestros”, que Lorenzo Silva escribió en 2001, estremece y conmueve, sobre todo esto último, y permite empatizar con todos o muchos de los personajes que retrata con pluma maestra. Sin duda, Silva es un hombre sabio, y tenemos la suerte de que nos regale obras tan buenas como esta. Yo además tengo la suerte de que el sin par Diógenes me la regaló a mí.

El nombre de los nuestros
Lorenzo Silva
Booket, nº 2080
Ediciones Destino, 2008

285 páginas

domingo, 8 de noviembre de 2015

ATARDECER EN SAN JUAN DE GAZTELUGATXE

   
     Costa vizcaína, entre Bakio y Bermeo. Cae la tarde. Llego a unos enormes aparcamientos, junto a los que hay varios restaurantes. Parece que por aquí viene mucha gente, aunque ahora está todo tranquilo. Algo grande estoy a punto de descubrir.

     Hay un cartel que indica "Mirador 300 metros. San Juan de Gaztelugatxe 1,3 kmts". Desciendo por la senda, bien arreglada, primero empedrada y después de tierra, escoltada por barandillas de madera, que discurre por un denso bosque, y enseguida llego al mirador. Aquí me doy cuenta del motivo por el que este lugar es tan visitado.

     No salgo de mi asombro por lo que tengo ante mis ojos, y lo primero que me viene a la cabeza es el final de la película "Mamma Mía", cuando se celebra la boda en una ermita que se encontraba en lo alto de una peña junto al mar en las islas griegas. Esto es algo parecido, un lugar de una belleza increíble.

     Se trata de un islote rocoso, lleno de oquedades en su parte baja por las que se mete el agua, de unos 100 metros de altura, coronado por la ermita de San Juan, al que se accede por un puente de piedra con arcos de medio punto que lo comunica con tierra firme.

     Desde el mirador, sigo bajando por la senda hasta llegar a una pista asfaltada, solo abierta para servicios o en días de boda, la cual me lleva hasta el nivel mar, junto al puente. Aquí estoy frente al peñón, espectacular, precioso, increíble... todo al mismo tiempo.

     Nada más cruzar hay una escalera que desciende hasta el agua, pero las olas golpean con fuerza en las rocas y prefiero no bajar por precaución.

     Aquí me encuentro frente a la escalera de piedra de 241 escalones que sube en zig-zag hasta la cumbre. Según asciendo voy pasando por las distintas estaciones del Vía Crucis, y las vistas se hacen cada vez mejores al ganar altura.

     Cuando llego arriba, fatigado, me doy cuenta de que el esfuerzo ha merecido la pena. En el porche de la ermita, de piedra vista, hay varias placas explicativas sobre el lugar, y en el interior una imagen de San Juan Bautista y de otros santos. Al lado, una caseta con mesas para que romeros y visitantes se refugien cuando las inclemencias meteorológicas habituales de esta zona no permitan estar a la intemperie. Y sobre unas rocas, el final del Vía Crucis junto al un alto mástil.

     Todos los alrededores de la ermita son un maravilloso mirador. Hacia tierra firme contemplamos pequeñas playas de piedra, escoltadas por espectaculares acantilados de frondosa vegetación. Hacia el Este vemos el islote Aquech en primer término con el cabo Machichaco al fondo. Hacia el Norte, la inmensidad del bravo mar Cantábrico. Y a poniente, toda la costa hacia Bakio, salpicada de multitud de rocas puntiagudas que emergen del agua, y más litoral hacia la bocana de la ría de Bilbao, por donde se pondrá el sol en breve.

     La luz del atardecer le da a todo un toque de belleza añadida, con ese colorido rojizo que se proyecta en las rocas y en las nubes que están dispersas por el cielo. Este lugar es maravilloso pero, en este momento del día, aún más.

     El sol poco a poco va descendiendo hasta perderse por detrás de la costa de poniente, pero el espectáculo luminoso mezclado con la naturaleza todavía continúa durante un rato más.

     Debo irme, porque la noche cae y todavía hay que regresar hasta el parkin, pero antes vuelvo, una vez más, a hacer un giro visual de 360 grados: acantilados, Aquech, Machichaco, Bakio... y el propio islote rocoso en el que estoy. Me empapo bien de lo que veo, estoy en un lugar único. Bajo los 241 escalones, cruzo el puente y me doy la vuelta para ver el peñón otra vez. Me voy y ya tengo ganas de volver.


Islote Aquech, y al fondo Cabo Machichaco


Bajada hacia el puente desde la Ermita


Puesto de Sol sobre el Vía Crucis


Puesta de Sol en la bocana de la ría de Bilbao


Puesta de Sol desde el puente
Saludos

EL RURAL



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