domingo, 9 de julio de 2017

SALAMANCA: LAS BATUECAS 3/4

     Llegamos ahora a San Martín del Castañar, donde el entramado de madera se va haciendo más patente, y junto al empedrado de las calles envuelven al pueblo de un aire totalmente medieval.

     En la plaza destacan el ayuntamiento, cuyo acceso está dentro de una enorme lonja, y una fuente de dos caños que vierten sobre un gran pilón. La iglesia presenta una altísima espadaña- campanario, y su puerta está protegida por un sobrio porche con varios arcos de medio punto en el frontal y en los laterales.

     Subiendo a la parte alta del pueblo veremos la plaza de toros, tan antigua, vetusta y rústica como encantadora. De forma irregular, tiene curiosos burladeros y parte del graderío es de madera.

     Al lado se encuentra el castillo, donde hay un Centro de Interpretación de la Sierra de Francia. Parte del adarve se puede recorrer, y está arreglado a modo de mirador con carteles explicativos. La Torre del Homenaje conserva solo 2 de sus 4 caras, pero tiene una escalera que nos permite subir a la azotea. Hay que decir también que parte del recinto del castillo lo ocupa el cementerio del pueblo.

   Mogarraz es una localidad de una belleza increíble, donde el entramado de madera se aferra con fuerza por todas las calles, plazas, plazuelas y rincones. Es difícil destacar algo, porque todo el casco urbano sin excepción merece ser visto, pero algo poco común es que cada casa tiene en su fachada colgados cuadros de antiguos moradores de las mismas. La ermita del Humilladero está rodeada de hermosas viviendas, frente a su fachada hay un bonito crucero y de su pared trasera brota una fuente cuyo caño vierte sobre un rústico pilón circular.

     Algo muy frecuente en Mogarraz es que la entrada a la vivienda sea por la primera planta, por lo que se hace necesaria una escalera de acceso, quedando la planta baja para cuadra o almacén.

     En la Plaza Mayor, preciosa, se sitúa el ayuntamiento, con dos plantas de piedra grande y una tercera de piedra pequeña con entramado. El edificio está anexionado a la iglesia, la cual tiene un buen porche y torre exenta.

     Paseando por el pueblo iremos descubriendo cantidad de fuentes, todas con buenos chorros, y bellos rincones, algunos de ellos adornados por tiestos con plantas y flores.

     En definitiva, un pueblo para perderse por sus calles, sin prisa, disfrutando de su tranquilidad, del sonido de agua brotando de alguna fuente, de su arquitectura, del canto de los pájaros, de sus aromas serranos... Y hablando de sierra, no olvidemos el entorno, siempre visible desde algún mirador oculto entre sus rincones.


SALUDOS

EL RURAL

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Castillo de San Martín del Castañar



Rincón de Mogarraz



domingo, 2 de julio de 2017

SALAMANCA: LAS BATUECAS 2/4

    Y ahora sí que cogemos la carretera de Béjar a Ciudad Rodrigo, y una vez que crucemos el río Francia nos adentramos en Las Batuecas, para poco después hacer la primera parada dentro del Parque Natural en Miranda del Castañar.

     A su entrada, en la bonita plaza que sirve de coso taurino en fiestas, nos encontramos con el castillo, con sus muros y torreones cilíndricos que protegen su altísima Torre del Homenaje, coronada por un magnífico matacán con abundantes ménsulas de triple modillón.

     Entre el castillo y el ayuntamiento se haya un arco que nos introduce de lleno en el pueblo, cuya distribución es parecida a la raspa de una sardina, con una calle principal de la que van saliendo callecitas pequeñas a derecha e izquierda, que normalmente tienen como tope la muralla que lo rodea, a la que están adosadas muchas viviendas.

     El material predominante en las construcciones es la piedra, con algo de madera en las plantas superiores, las cuales sobresalen de la línea de la baja para ganar espacio y formar cobijo en las entradas.

     En la plaza, de forma poligonal, se encuentra la la preciosa iglesia de piedra vista con su gran porche sostenido por columnas de piedra. Enfrente, una gran torre-campanario exenta.

     Llegados a este punto, y antes de continuar, es el momento de describir el tipo de arquitectura popular típica de esta zona, que es la que nos vamos a encontrar de forma predominante en los siguientes pueblos. Hablamos de viviendas de piedra grande en su planta baja, más o menos trabajada, y piedra pequeña en las superiores, sujeta por abundante entramado de madera en vertical, horizontal o diagonal, con buenas balconadas de madera cubiertas por grandes aleros. La piedra que
va dentro del entramado unas veces está a la vista y en otras va encalada en blanco o en otros colores suaves, pero siempre dejando visible la madera. En algunas viviendas la piedra pequeña se sustituye por ladrillo.

     Este tipo de construcción es muy bonita y llamativa, y más cuando se encuentra de manera masiva, como veremos en lo sucesivo.

     Sequeros es un pueblo de transición en su arquitectura entre el predominio de la piedra grande y el entramado de madera. Además de sus bonitas casas, destacan también sus plazas y plazuelas, como la del ayuntamiento, el cual se compone de una pequeña lonja y una espadaña con matacán, reloj y campana.

   En un extremo del pueblo se haya una fuente con un grandísimo pilón, y al lado la ermita del Humilladero, con buen porche sostenido por columnas de piedra, junto a un bonito merendero con asientos y mesas de piedra.

     En el otro extremo se encuentra la plaza de toros, pequeñita pero arreglada, muy bonita y con un curioso palco presidencial. Cerca del coso taurino tenemos el Mirador de la Cruz, en una hermosa pradera elevada desde la que se contemplan espectaculares vistas de la sierra.


SALUDOS

EL RURAL

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Miranda del Castañar



Mirador de la Cruz (Sequeros)




domingo, 25 de junio de 2017

SALAMANCA: LAS BATUECAS 1/4

     El Parque Natural de Las Batuecas es una zona de montaña situada en el sur de la provincia de Salamanca, lindando con el norte de Cáceres, coincidente con la Sierra de la Peña de Francia, muy ondulada, con profundos barrancos excavados por arroyos que vierten al río Francia, que atraviesa todo la comarca, y cubierto de extensos bosques de haya, roble y pino, entre otras especies.

   También se encuentran aquí algunos de los pueblos más bonitos de España, con una arquitectura popular muy característica que describiremos más adelante.

     La Sierra de Francia se sitúa entre medias de las dos localidades más grandes del sur de Salamanca: Ciudad Rodrigo y Béjar. Precisamente vamos a empezar la ruta por esta última.

     Aunque situado fuera del Parque Natural, no podemos dejar de visitar Béjar, que nos ofrece un buen número de encantos, como la Plaza Mayor, donde se sitúan su bonito ayuntamiento y el imponente Palacio Ducal. Por detrás de éste, hay un tramo bien conservado de la antigua muralla.

   A las afueras, y cercanos entre sí, están la plaza de toros, de las más antiguas de España, de una rusticidad encantadora, toda ella de piedra, y la ermita de la Virgen del Castañar, patrona del pueblo, preciosa por dentro, en un bello entorno de bosque con buenas vistas del casco urbano y las sierras de alrededor.

     A solo 3 Kmts. de Béjar se encuentra Candelario, en las faldas de la Sierra de la Covatilla, un pueblo de gran belleza, formado por casas de arquitectura rústica señorial, compuestas de sillería encalada, pero dejando la piedra a la vista en puertas, ventanas, esquinas y planta baja. Los balcones tienen suelo también de piedra, a veces en forma de ménsulas, aunque también los hay de madera, y con buenos enrejados. Abunda un curioso tipo de media puerta en diagonal de madera en la entrada a las viviendas, y la dura climatología de la zona hace que se vean paredes protegidas por revestimientos de teja o madera.

     Las calles están empedradas, y por ellas discurren las regateras por las que bajan las escorrentías de la montaña. El ayuntamiento y la iglesia son buenos edificios que también se visten del mismo tipo de arquitectura, al igual que la ermita del Humilladero con su crucero, que nos encontramos a la entrada del pueblo.

     En definitiva, un casco urbano precioso, visitado por gran cantidad de turistas.


SALUDOS

EL RURAL

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Candelario



lunes, 5 de junio de 2017

El espíritu del Pandacia

La fotografía que acompaña este texto es del Pandacia. Es el equipo de fútbol en el que jugaba mi padre, allá por los años 50, cuando sus piernas no estaban aún condenadas a no poder caminar. Se llamaba así porque en él jugaban "la panda", sus amigos de la infancia, que todavía siguen siéndolo, y Cía, un grupo de conocidos que completaban hasta llegar a 11.
Jugaban la liga en una división que ahora mismo no puedo definir, tal vez una Regional, por los campos, en su mayoría de arena, que trufaban Madrid.
Mi padre, Pepe, es el primero por la derecha, de la fila superior. Bajo mi padre está mi tío Juan; también Eduardo Campos, que con su sabiduría supo guardar este tesoro de foto, Joaquín de la Torre, Manolo López Marugán, Paco Cerrada, Luis Burriel, También "Pajarito", el portero, que dicen que era muy bueno, aunque no recuerdan su nombre. Y otros, a los que no llegué a conocer.
La instantánea es conmovedora por la juventud, que apabulla, de personas que ya han muerto, o que ahora tienen más de 80 años, la fuerza del que se va a comer el mundo. Es la muestra de que hemos de aprovechar el presente porque inexorablemente el tiempo nos alcanzará.
Y también es un réquiem por el fútbol de verdad. El fútbol ya existía entonces, pero no había televisión. Los árbitros se equivocaban, los defensas entraban duro, y los sistemas incluían cinco delanteros.
Los chavales iban de campo en campo, pero los padres (y mucho menos las madres) no montaban espectáculos ni agredían a nadie. No existía tanta hipocresía, las cosas eran de verdad.
Y los equipos profesionales también eran distintos. Existían rivalidades, no odios. En Madrid, los aficionados se dividían entre el Real y el Atlético, pero no existían (o eran testimoniales) los antimadridistas; de antiatléticos no había noticia. Incluso, me cuenta mi padre, los dos equipos se ayudaban, se prestaban el estadio, o se cedían jugadores si lo necesitaban. Porque la rivalidad era eso: machacar al contrario, pero socorrerle en caso de necesidad.
Desearía que volviera ese fútbol, no la impostura que vivimos ahora, con ególatras extremos, delincuentes fiscales o gurús que necesitan estar todos los días dando la nota en los medios y redes sociales. Que hubiera señorío, de verdad, no de gangsters de guante blanco, y con más humildad; que la que dijera ser mejor afición del mundo no lo fuera insultando a los demás, y que el fútbol no estuviera secuestrado por el dinero, la ambición extradeportiva y la política.
Que los que han ganado se acordaran de los derrotados, pero no para humillarles, sino para valorar el esfuerzo; y los que han perdido, que pierdan con dignidad.
No reniego del fútbol, porque lo amo, pero el fútbol actual es como un matrimonio conflictivo: lo quieres, lo necesitas, pero ta da mala vida. Y me gustaría recuperarlo.

Y que volviera el espíritu del Pandacia.

domingo, 4 de junio de 2017



“Solía pensar que la peor cosa de la vida era terminar solo. No lo es. Lo peor de la vida es terminar con gente que te hace sentir solo.”

Robin Williams

jueves, 1 de junio de 2017

Metrópoli

Viajamos bajo tierra, como lombrices, apelmazados como un rebaño asustado. O en cubículos de acero y plástico que contaminan el aire, conectados por el teléfono a un mundo las más de las veces virtual y aislados del mundo real por ventanillas cerradas. Nos despertamos y nos acostamos en horarios que nuestros propios cuerpos se niegan a aceptar, despreciando la luz y la oscuridad. Comemos productos plastificados que han crecido debajo de plásticos. Nuestros conocimientos ya casi nunca provienen de la experiencia, sino que nos llegan por pantallas, y hemos perdido cualquier espíritu crítico, y se hace dogma un post fraudulento que corre por redes sin control. 
Pero somos tan civilizados que para compensar todo ese desequilibrio hemos inventado el mindfulness y los terapeutas. 
¡Bendita cerveza!

domingo, 7 de mayo de 2017

Madres

Feliz día de la madre a todas las madres. Las hay tiernas, las hay duras, las hay caseras y revoltosas. Las hay dulces y saladas. En almíbar y frescas del día. Las hay silenciosas y las hay bulliciosas. Las hay de carreras y de paseo, de campo y de carretera. Las hay nómadas y sedentarias. Pacientes e impacientes. Descafeinadas o excitantes. Con y sin. Luz de día y luz de noche. Prêt a porter y a medida. En su jugo y al natural. Como las rosquillas, listas y de Santa Clara, que tonta ninguna. Las hay de andar por casa, de cóctel, de media gala y de traje de noche. Arregladas pero nunca informales. Las hay soñadoras y que hacen soñar. Las hay de tierra, de mar y de aire. Nacionales e importadas, importantes en cualquier caso.
Las hay para todos los gustos, de todos los colores, las hay melódicas y rockeras, suaves y ásperas, las hay sargentas y las hay generales, las hay de caricias y de zapatillazo, con tacón de aguja y con deportivas. Las hay coraje y las hay Teresa de Calcuta, todo sobre mi madre y nada sobre mi madre, De acero y de terciopelo, de azúcar y de caramelo.
Las hay así y con todas las combinaciones posibles, una pizca de esto y un puñadito de aquello, y todo a la vez. Pero haberlas, hay las. Y por encima de todo son madres. La fuerza de la vida. Porque sean como sean, madre es sinónimo de amor. Seguramente el único realmente exacto.
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La siguiente la pago yo por Rick, Diógenes de Sinope y Albert se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.