viernes, 7 de septiembre de 2012

21

Hoy hace veintiún años que me acerqué, en la pista de la Piscina, con el bueno de Pepe, a una chica rubia que me gustaba mucho. Me gustaba tanto que nunca me hubiese atrevido a decirle nada. Pero como el pasatiempo favorito del destino es hacer que las cosas se líen, acabé preguntándole, en la terminología de la época, si quería "salir conmigo". La muy imprudente no tuvo una idea más descabellada que decir que sí.

La he dado un montón de sustos, unos pocos disgustos y motivos más que suficientes para mandarme a por cerillas más de una vez. Me temo que no soy de los hombres que piensan, sino de los que dan que pensar. Aunque también la he dado mil noches de amor, más de un beso a escondidas, achuchones de portal, una hipoteca, dos hijos maravillosos en régimen de gananciales y un saco de sueños por cumplir.

Somos lo que somos, que no es la perfección ni lo pretende. Hay días que nos refunfuñamos, días que nos reconciliamos, días que nos vemos y días que no. Hay días de vino y rosas y días de vinagre y espinas. Hay días que me mataría, días que me devolvería a mi madre alegando que el producto está defectuoso y que la garantía está vigente, y hay días, todos, que me la comería sin guarnición. Hay días sombríos y días luminosos, noches sin luna y con luna llena hasta los bordes, mañanitas de niebla y tardes de paseo…Hay de todo, como en botica.

Pero cada vez que me besa me lo perdona todo. No por ser presuntuoso, pero he llegado a dos conclusiones: que soy el tipo con más suerte del mundo y que beso mejor que Clark Gable.

La quiero a morir, que diría Monsieur Cabrel.

3 comentarios:

  1. Joven, tu historia preciosa.
    La mía, 39 años de dentera y completa felicidad.
    Enhorabuena a los dos y felicidades.
    Un beso

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  2. No me quiero ni imaginar que hubiera pasado si el bueno de Pepe te hubiese invitado a otro cubata, tal y como era la sana costumbre de la época ...


    Estanlei Cubric

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