miércoles, 1 de mayo de 2013

El chico frigorífico


Conocí a un chico. Se llamaba Carlos. Carlos Siemens. Él me dijo que pertenecía a la familia de los fabricantes de electrodomésticos. Salimos juntos varias veces. Me atraía.
Una tarde, tomando café con mis amigas, yo echaba un vistazo a una Interviú.
De repente, un anuncio a toda página de un frigorífico SIEMENS. Lo recorté.
En el armario de mi habitación, en la residencia de estudiantes, yo tenía pegada una hoja de una revista con la publicidad de un frigorífico Siemens. ¡La de explicaciones que tuve que dar!
La de risas, a escondidas, que tuve que provocar.
El chico Siemens me dejó plantada una tarde de domingo en la salita de espera de mi residencia, unas horas después de que yo, pendiente sólo de mi cita, rechazase la invitación de mi amiga Ruth que con todo el gusto me había preparado un estupendo desayuno.
Tras el plantón volví a mi cuarto, quité el frigorífico de mi armario. Abracé a mi amiga.
Lloré.
No volví a saber nada de él.
Casi dos años después, una tarde, el chico frigorífico me llamó. Le dije que lo sentía, que me perdonara pero que no recordaba quién era.
Ni que decir tiene que no compro electrodomésticos Siemens. Por principios.

Nancy Grijander

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