martes, 2 de diciembre de 2014
lunes, 1 de diciembre de 2014
Frivolidad
Pura frivolidad para escapar no del
dolor, al que acabamos por aprender a manejar, sino de la angustia de
la promesa del dolor, de la incertidumbre del mañana, de la sólida
e inexorable premonición de las muertes, la propia, que duele una
vez, y las de los amados, que matan de dolor mil veces, al que
sobrevive.
Pura frivolidad para esconder la
cobardía que nace de alcanzar el valor de no taparte los ojos con
una venda negra. Decía Shakespeare en “Julio
César” que "Los cobardes mueren muchas veces; el valiente
sólo prueba una vez el gusto de la muerte.". Ese valiente del
que habla no es sino un inconsciente que todo lo proyecta sobre su
propia vida. Se muere, se muere más, seas quien seas, cada vez que
se te escapa la vida de alguien que quieres. La muerte propia es sólo
el final. Lo realmente terrible es el camino, con sus largas
despedidas.
Pura frivolidad
es lo que queda. Tan frívolo el heroico deportista, el brillante
investigador, el pintor de batallas, el borracho que canturrea
desafinado. Pura frivolidad. «Vanitas vanitatum, omnia
vanitas»… ¿Hay acaso otro destino?
Otra cerveza, por favor…
viernes, 28 de noviembre de 2014
Bufón de Reyes
“Cuando
alcancé la sabiduría, ella me miró y dijo: "Ya me alcanza
cualquiera".
”Roberto
Fontanarrosa
(Humorista argentino, 1944-2007)
jueves, 27 de noviembre de 2014
Ocho minutos
Casi me le llevo por delante. Iba
mirando el panel luminoso y he estado a punto de arrollarle. Le he
pedido perdón. Me ha mirado con unos ojos muy azules.
He salido corriendo y, como no podía
ser de otro modo, he perdido el convoy. En el letrero rezaba: “El
próximo tren llegará en 8 minutos”. Me he sentado en un banco del
andén. El hombre víctima de mi atropello ha llegado un par de
minutos después y se ha sentado a mi lado. Me he dado cuenta de que
me miraba.
- Perdone, caballero...
A mi me han llaman habitualmente
“hombre”, “tío”, “socio”, “colega”,
“tronco”....”Caballero” muy pocas veces o ninguna. Supongo
que es perfectamente perceptible que las veces que he montado a
caballo a lo largo de mi vida se pueden contar con los dedos de una
mano y que tampoco pertenezco a una familia de hijosdalgos, ni
siquiera de infantería.
- Dígame.
Unos setenta o setenta y tantos.
Pantalones chinos, unas botas de calidad pero con muchos kilómetros
encima, camisa oscura, chaqueta de tweet y un panamá en la cabeza.
Recuerda a Indiana Jones.
- La frecuencia casi exacta de este tren en este horario es de ocho minutos.
- Ya. Hago a diario el trayecto.
- Ocho minutos...
Me va a dar conversación. De mi padre
he heredado la mirada triste y una anacrónica y exquisita educación,
que me impide despachar con cajas destempladas a una persona, más
aún siendo mayor que yo, por poco que me interese su charla.
- Si.
- ¿Compensa su prisa?
- Hombre...
- Ocho minutos no es nada. Si usted le dedica ocho minutos a su higiene diaria, al ejercicio físico, o come en ocho minutos, yo diría que va por mal camino...
Tiene un habla pausada. No me está
regañando.
- Si invierte ocho minutos en hacer el amor, o lee ocho minutos al día, o una conversación con un amigo dura tan solo ocho minutos...
- Ya le he pedido disculpas...
- No es eso. Divida los años que ha vivido en períodos de ocho minutos y plantéese si perder uno sólo de esos períodos, y no hablo, es evidente, de los ocho minutos inmediatos al nacimiento de sus hijos o a la pérdida de un ser querido, hablo de cualquier otro período cotidiano...¿Cuál sería su pérdida?. Ninguna.
- Ninguna, creo...
El tren va a efectuar su entrada en la
estación, repite el cartel. Me levanto.
- Pues tiene usted razón.
Ya está en la vía y se abren las
puertas. Se queda sentado en el banco. No lo puedo evitar, mientras
subo al vagón.
- ¿A qué dedicaría usted ocho minutos, señor?
Se ríe.
- A hacer reflexionar a algún inconsciente.
Se cierran las puertas y el tren sale
de la estación. Mirando hacia la oscuridad del túnel, le doy la
razón. Aunque, apenas ocho minutos después, ya se me ha olvidado
que no tengo tanta prisa.
miércoles, 26 de noviembre de 2014
Amar como Reyes
“La
alegría de la vida deriva de expresarnos, de correr riesgos, de
aventurarnos. No todo el mundo te amará, pero tú sí puedes amar a
quien desees.”
Andrew
Matthews
Escritor galés (1948)
martes, 25 de noviembre de 2014
Volviendo a casa
He vuelto al JJ y me he vuelto a
encontrar con un abrazo de Padraig y, al fondo de la barra, con su
copa en la mano y cantando por lo bajinis, con él.. El tiparraco me
cae bien. No lo puedo evitar. Me ha echado una de esas sonrisas de
medio lado, ha levantado el vaso y no me ha quedado más remedio que
sentarme a su lado. Padraig me ha servido una media pinta y , después
del convencional “¿Qué tal? Bien.? , el tipo y yo nos hemos
quedado un ratito en ese espacio de silencio que sólo puede nacer de
una buena canción. Como de costumbre, se ha puesto a hablar cuando
le ha parecido oportuno. Habla para sí mismo, pero en voz alta, que
ya le voy conociendo.- Ando negociando qué hacer el resto de mi vida. Tengo una oferta de trabajo de Colombia. Bien pagada. Aunque no me puedo quejar de mi trabajo, sobre todo por la gente que me rodea. Tengo dos ex-mujeres, tres hijos y dos novias. Todos buenas personas. Tengo a mi padre en la residencia de ancianos, con un alzeimer galopante. Me llama David, creyendo que soy mi hermano, me llama Posada, creyendo que soy su compañero, y a veces me llama de usted, porque le resulto un completo desconocido. Tengo un puñado de amigos. Unos son más cercanos, otros más formales, unos más cariñosos y otros más serios. A algunos les veo con frecuencia, a otros casi nunca. Pero todos son parte de mí.
Le pido otra a Padraig. Como está
sonando el “Somke on the water”, dejamos de hablar. Cuando Ian
Gillan deja de cantar, le pregunto.
- ¿ Y qué es lo que no tienes?
Por lo rápido que responde, la tenía
preparada.
- Sueños. No tengo sueños.
Ha pinchado en hueso. A un viejo cínico
como yo no le puedes venir con esas. No.
- ¿Y qué te hace pensar que los sueños de los demás brotan como las amapolas? Tú debes andar, como yo, por los cincuenta, año arriba, año abajo. A nuestra edad, ya andamos por el cuarto de hora del segundo tiempo. Si tenemos el partido resuelto, no queda sino defender el resultado, y los goles que metamos al contraataque no nos van a alegrar demasiado. Si lo tenemos perdido, nos queda media de desesperación intentando remontar, pero con la convicción de que el esfuerzo tiene todos los visos de ser inútil.
- Siempre estas con el fútbol...
- Vale como ejemplo, supongo.
- Bueno. En cualquier caso, no entiendo que tratas de decirme.
- Qué los sueños te los tienes que inventar. A veces plantas un esqueje de un sueño que te gustó y agarra. A veces, lo injertas en una rama de la realidad, y crece. A veces, hagas lo que hagas, se seca. Pero ten confianza. Mira, a los Purple se les quemó el hotel y compusieron una de las mejores canciones de la historia. Las cosas pasan si tienen que pasar. Sólo tienes que estar atento.
-¿Eso es lo
que haces tú?
Me echo a reír.
- No. Yo doy consejos y bebo cerveza.
Ahora el que se ríe es él.
- Padraig, pon otra media de rubia por aquí para mi asesor.
Entonces Sabina se puso a cantar “A
mis cuarenta y diez” y nos sonreímos los dos. Sonrisas tristes.
Pero sonrisas, al fin y al cabo.
lunes, 24 de noviembre de 2014
Reyes del pasado
Alan
Moore
(Guionista inglés, 1953)
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