lunes, 5 de septiembre de 2011

Los balnearios y la madre que los parió I

‘Después de la tempestad, viene la calma’. Mi santa esposa me ha convencido utilizando esta frase para pasar un fin de semana en un Balneario del que le han hablado muy bien. Está situado en la provincia de Guadalajara. Dice que tras reformar la cocina hemos terminado bastante agotados y nos vendrá muy bien para descansar.
Lo preparamos todo para salir el viernes por la tarde. Mi ropa (un pantalón, un par de camisetas y un par de calzoncillos) junto con el neceser que contiene objetos de aseo, los coloco en una pequeña mochila y todavía queda espacio libre para meter el Ulises de J.Joyce (un tocho de 800 páginas) que tengo pendiente de leer desde hace años. Es entonces cuando aparece mi mujer con la samsonite de 120 litros de capacidad que utilizamos cuando fuimos a la Patagonia. – ‘Pero mujer, si vamos un fin de semana a Guadalajara’ – ‘Ya, pero es por si acaso’ -.
Imagino que si nieva en el mes de julio en Guadalajara, mi mujer se podrá poner las botas de esquí o que en caso de un ataque con armas químicas, seremos los únicos en tener máscaras de gas, pero como no quiero discutir, la dejo tranquila viendo como mete en la maleta tres vestidos de fiesta por si acaso, dos forros polares por si acaso, tres pares de zapatos de tacón y otros tantos planos por si acaso y no se qué más cosas.
Por fin llega el viernes. Coloco el equipaje en el maletero del coche tras veinte minutos maniobrando con la maleta y partimos hacia nuestro fin de semana de relax.
Tras dos horas y media de viaje, hemos avanzado apenas veinte kilómetros porque al parecer la mayoría de la gente aprovecha los fines de semana en julio para salir de la ciudad y pasar el tiempo en agradables atascos en cualquiera de las carreteras nacionales. El único problema es que el aire acondicionado del coche hace un ruido raro y de golpe deja de funcionar.
Han pasado más de cuatro horas desde que salimos y todavía queda más de medio camino. Sin el aire acondicionado ya no sé por donde más puedo sudar. Mi mujer hace rato que está dormida, o eso o es que se ha desmayado porque está más colorada que un pimiento morrón. Al menos hemos dejado atrás la caravana.
Por fin hemos llegado. El parking del Balneario está prácticamente lleno y tengo que aparcar al final del mismo lo que implica cargar en vilo con la samsonite (la cual por el sobrepeso, se ha quedado sin ruedas) unos cientos de metros hasta llegar a la recepción. Cuando entramos, el conserje pone un cierto gesto de asombro en su cara supongo que será porque nunca ha visto una persona tan colorada como mi mujer o porque las venas de mi cuello están tan infladas por el paseo con la maleta junto con las gotas de sudor que caen por mi nariz hacen que tenga un aspecto un tanto peculiar. Por el esfuerzo realizado, hay ciertas consonantes que no puedo pronunciar por lo que es mi mujer la que se encarga de decir que teníamos una reserva. Nos dan las llaves y subimos a la habitación y es entonces cuando mi mujer se enfada porque tiene unas espectaculares vistas al parking del Balneario. – ‘No te enfades mujer, así podemos vigilar que no nos roben el coche’ -.
Decidimos dejarlo pasar y descansar un rato antes de bajar a cenar.
Continuará ...
Publicado por Carl Gueibol.

AGRADECIMIENTOS Y OTRAS MALAS NOTICIAS

Este condenado blog ha tenido descendencia...Es un libro, se llama igual que su progenitor y se apellida "Primer Año Triunfal". En el bautizo la madrina fue la ingeniosa Reyes Pariente y asistimos madres y padres del vástago y familiares y amigos.

Muchas gracias a todos por vuestra presencia y esperamos que os haya gustado. Pero...

Ha llegado septiembre. Ha pasado casi todo el verano. Hemos vuelto de la playa, de la montaña, de todos esos lugares de los que tanto hemos disfrutado: todavía nos sale arena de las partes pudendas al ducharnos, hay briznas de hierba que ya son parte de nosotros, hemos pagado habitaciones de poblado chabolista a precio de Hotel Sheraton, hemos combatido con alemanes rubicundos por una cerveza caliente, hemos degustado gambas congeladas hace dos años en el Océano Índico como si fueran langostinos de Vinaroz y a precio de angulas de Aguinaga...Cuantos recuerdos maravillosos nos deja otro verano turístico...

Pero todo termina y empieza el curso. Y, lo sentimos por vosotros, pero eso significa que..¡¡¡¡¡VUELVE "LASIGUIENTELAPAGOYO" EN ESTADO PURO!!!!!

Y como decían Tip y Coll cuando explicaban como se llena un vaso de agua con traducción simultánea al francés: "Comenzamos-Comenzons/Empezamos-En pezons".

Señoras y señores: queda inaugurado este pantano ( ¿ donde he oido yo eso ?) y ¡¡¡EMPIEZA EL SEGUNDO AÑO TRIUNFAL!!!!

miércoles, 24 de agosto de 2011

Presentación planetaria de "La siguiente la pago yo. Primer año triunfal" y tal y tal...

QUÉ NO ES POR SER PESADOS, PERO LUEGO VIENEN SIEMPRE LOS DE "ES QUE YO NO ME HE ENTERADO..."

Ante la avalancha de peticiones de los lectores ( dos peticiones, para ser exactos, y ambas a altas horas de la madrugada, en locales de dudosa reputación y después de la ingesta de varios litros de cerveza y otras bebidas espirituosas), una selección de contenidos de este nuestro blog se ha materializado en un libro absolutamente indispensable para tu aparador.
¿ Qué cómo puedo conseguirlo ? ¿ Qué si tiene muchas estampas o es todo letra pequeñaja? ¿ Qué si en la portada aparece un ornitorrinco disfrazado de vedette de cabaret barcelonés? ¿ Qué si los autores serán juzgados en auto de fé público en la Plaza Mayor ?  Todas las respuestas a vuestras preguntas, inquietudes y desazones....

 EL VIERNES 2 DE SEPTIEMBRE, EN THE JAMES JOYCE IRISH PUB, EN LA MISMÍSIMA CALLE ALCALÁ 59, POR DONDE LA FLORISTA VIENE Y VA CON LOS NARDOS APOYAOS EN LA CADERA, A LAS 21:30 HORAS ( LAS NUEVE Y MEDIA DE LA NOCHE PARA LOS DE EDUCACIÓN CLÁSICA) EN LA PRESENTACIÓN UNIVERSAL DE "LA SIGUIENTE LA PAGO YO, PRIMER AÑO TRIUNFAL".

ADEMÁS, EN EL MISMO LOTE, UN MONÓLOGO DE LA SIN PAR REYES PARIENTE Y LA MÚSICA EN DIRECTO DE "ALBERTIS". 

QUE LUEGO NO VENGA NINGUNO CON..."SI LO LLEGO A SABER"...

No te lo puedes perder, a menos que hayas quedado con Elsa Pataky si eres un machote o con "El Duque" si eres una gachí, en cuyo caso estas excusado/a ( si se diera esta circunstancia, exigimos fotografías del encuentro para dar verosimilitud a la coartada ).

P.D. A todos los listos que se manifiestan diciendo que han quedado con Elsa Pataky: me ha dicho ella misma que ese día sólo sale conmigo....

viernes, 19 de agosto de 2011

El sexo y la madre que lo parió 2

REEDICIÓN. Publicado originalmente el 07/04/2011

Profundizando en el estudio sociológico que tan brillantemente elaboró el gran Pepe días atrás, a cuenta de que una Universidad de Dios sabe donde se había pulido un pastizal en una investigación para demostrar que la palabra “sexo” en un titular atrae a los lectores, y fruto de una profunda introspección realizada en los dos minutos que, a las siete y media de la mañana,  me dejan mis hijos sólo en el cuarto de baño (“jornada de reflexión” es como denomino a ese tiempo), antes de ser interrumpido en tan esenciales quehaceres por gritos como “¿Papá, donde está la camiseta de balonmano, que hoy tengo gimnasia rítmica?” o “¿Puedo rebozar en nocilla los copos de maíz?”, he llegado a algunas conclusiones que paso a exponer.

En primer lugar, el sexo, como el continuo espacio-tiempo, es relativo. Para algunos, acariciarse las mejillas es sexo. Para otros, mirar como su pareja se ducha, es sexo. Otro segmento poblacional solo considera sexo el coito. Hay quien considera sexo un beso y quien considera sexo un azote en las posaderas. Y así podríamos encontrar tantas definiciones de sexo como individuos entrevistemos. Al objeto de homogeneizar la consulta, establezcamos un estándar de sexo que pueda ser comúnmente aceptado: digamos que acto sexual es aquel que, protagonizado por dos adultos, como las novelas, consta de planteamiento, nudo y desenlace (y que cada uno decida lo que se plantea, si el nudo es gordiano o marinero y si desenlaza aquí o más para allá, y ya voy adelantando que el nudo y el desenlace suelen quedar por debajo del planteamiento, que la imaginación es más poderosa que el vigor).

A partir de aquí es donde la relatividad del sexo se manifiesta, desde mi punto de vista, en relación con dos factores esenciales: la edad y la disponibilidad.

En el vértice de la pirámide nos encontraríamos con dos adultos jóvenes, sin cargas económicas ni familiares y con espacio y tiempo disponibles permanentemente. Dado este supuesto, ancha es Castilla y dale que te pego, y hoy por ti y mañana por mí, y viva España, viva el Rey, viva el orden y la ley…. Campeones, campeones, oé,oé,oé.

Un escalón por debajo estarían dos adultos jóvenes, sin ataduras, pero sin un “nido de amor” estable. Podríamos denominar este estrato como el de “aquí te pillo, aquí te mato” y vale un turismo estacionado en lo oscuro, una tapia recóndita o un banco de parque solitario. Algún optimista dirá que le añade morbo. Le añadirá morbo la primera vez; luego lo que añade son restos de tierra en la ropa y contracturas variadas a causa de posturas insólitas. Pero como la juventud todo lo puede, medalla de plata y vas que te pierdes.

En el siguiente piso están los que ya son más maduritos, y por madurez se entiende tener un trabajo, ser titular de una hipoteca y, en su caso, haberse reproducido. En el factor tiempo ya sufres una reducción de importancia. Aquí ya hay una cierta disminución del ímpetu por causas físicas y, especialmente, por causas psicológicas. A diario llegas del curro a las diez de la noche y después de haberte comido una bronca del copón de la baraja, con más hambre que el perro del afilador y levantado desde las seis de la mañana, y hay que convenir que para farolillos no tienes la cuestión. El viernes y el sábado, con la ilusión de no madrugar al día siguiente, quieres recuperar el brío de los veinte y te esmeras, pero no mucho más. Y la situación se deteriora notablemente si has alcanzado el estatus de padre/madre. Cuando no lloran se ponen malos, tienen pesadillas, o sed, o pis, o no se pueden dormir. Las interrupciones constantes y esa forma de hacer el amor mientras mantienes una oreja levantada como si fueras un podenco rastreando perdices, deterioran la calidad del producto. Hasta los cuarenta, se te puede conceder un tercer puesto en el cajón del podio, como mucho.

De aquí para abajo, todo tiende a empeorar. Te quedas sopa en el sofá viendo la película. No sexo. Los niños, que ya han alcanzado el segundo estrato, salen de jarana y no te relajas hasta que no los oyes entrar en casa a las siete de la mañana golpeándose con los muebles y visitando el cuarto de baño con acompañamiento sonoro. No sexo. Cuando no te duele la cabeza, el lumbago no te deja vivir. No sexo. Y si, por casualidad y de manera sorprendente, estás hecho un chaval, tranquilo y con ganas, tu pareja no se siente igual y el resultado es no sexo y sí frustración. Y más adelante hay más.

Siguiendo el razonamiento de mi docto Pepote, esto no pasa con las cañas con los amigos. Con veinte, soltero, sin trabajo y sin hijos, me las tomaba con ellos y me lo pasaba como un enano. Con treinta, casado, con trabajo, con hipoteca y con hijos, me las seguía tomando con ellos y me lo pasaba de escándalo. Con cuarenta, con todo lo anterior y los primeros achaques, me las tomo con ellos y me lo sigo pasando de lujo. Y no se me representa ningún motivo para que esto no continúe con cincuenta, sesenta y los que vengan. Es posible que me tenga que tomar menos cañas, pero reírme me pienso reír igual.

Y podría seguir, pero el pequeño me está llamando, que no encuentra las botas de escalar, que hoy tiene partido de fútbol. Y, no obstante todo lo anterior, a pesar de mi edad, mis cuitas y mis dolencias, como mi mujer se despiste esta noche la pienso tirar los tejos, por si cuela.

Buena jornada y a disfrutar, que son cuatro días y tres llueve.

Diógenes de Sinope.

viernes, 12 de agosto de 2011

Especies peligrosas

REEDICIÓN. Publicado originalmente el 05/04/2011

El otro día estaba caminando por la calle tan tranquilo, pegado a la reja de un parque, cuando de repente oí un rugido feroz que se acercaba a mí a toda velocidad; me di un susto de muerte cuando vi abalanzarse al animal y, idiota de mí, me puse en postura de hacerle frente o pararle con los brazos. Menos mal que no pasó de ahí; la correa le detuvo, iba tan lanzado que casi se ahorca él solo, pero si no llega a estar atado se hubiera quedado con la poca carne de mi brazo. Me debí quedar más pálido que lado derecho del barón Ashler mientras le miraba. El bicho seguía ladrando desaforadamente; era feo como un demonio, el perro, y pensé que debía pertenecer a una de esas razas que están dentro de las especies peligrosas, de esas que las hacen a propósito para despedazar a la gente o a otros animales.

Seguí andando mientras me recuperaba del susto, para reunirme con mi compadre Diogenes a través de los senderos espacio-temporales y degustar unos reconstituyentes, e iba dando vueltas a la cantidad de especies peligrosas que nos rodean sin que a veces seamos conscientes de ello. No me refiero ya a los ministros, consejeros, concejales, eurodiputados, jueces, médicos, abogados, seguratas, tertulianos, opinadores, árbitros, periodistas, inspectores de la SGAE, y no sigo porque no acabo. No.

Me refiero a otras cosas. Por ejemplo, antes de llegar a mi destino, oí a mi lado un ruido como si se hubiera chafado un tomate. Miré a mi derecha y vi un coche con el parabrisas completamente cubierto por una deyección recién caída de las alturas. Lo primero que pensé era que se trataba de un pterodáctilo; en la rama del árbol que había sobre el coche reposaba toda pancha una paloma. Debía ser una paloma mutante, o recién llegada de Japón, porque por el tamaño podía haber sido un buitre. El producto de su digestión tenía pinta de que podía empezar a disolver el cristal del coche, y me pregunté qué dieta llevaría para eliminar semejantes residuos. Si no fuera porque sé que son granívoras hubiera barruntado que se había comido una ración de berberechos corrompidos (otra especie peligrosa). Y decidí que aunque no llueva no es mala idea llevar un paraguas (de titanio contrachapado) cuando se pasea bajo los árboles.

Por fin llegué al bar, y a pesar del desaguisado intestinal de la paloma, se me había abierto el apetito, así que pregunté con qué podía acompañar la jarra de cerveza que nos habíamos pedido. Opté por unas brochetas de presunto pollo que en la foto no lucían mal. Sin embargo cuando las pusieron ante mí, y luego las probé, no hubiera puesto la mano en el fuego porque aquello en vez de pollo no fuesen unas brochetas de mofeta, comadreja, topillo o cualquier otro mustélido que prefiero ni imaginar. Cuando acabé con ellas, y ante la risa de mi socio, que me inspiró, pensé en pedirle al camarero alguna otra especialidad de la casa, como una ración de coatí chuchucho a la vinagreta, unas delicias de chacal rustido, una cazuelita de ragut de hiena del Kalahari, o una tapa de chopito ponzoñoso de Manchuria.

Lo que digo, estamos rodeados. Y otro día hablaré de las mascotas que gasta el personal.

Rick.

jueves, 11 de agosto de 2011

El sexo y la madre que lo parió.

REEDICIÓN. Publicado originalmente el 25/03/2011
Hace tiempo leí en cierto periódico digital un estudio realizado por un grupo de psicólogos de no recuerdo que universidad, que defendían que si al escribir un artículo, en el titular del mismo aparecía la palabra 'sexo', pasaría a ser de los tres más leídos durante ese día aunque el contenido de dicho artículo no tuviese nada que ver con el tema en cuestión.

No quiero malentendidos de ningún tipo y menos aún que nadie se sienta ofendido, pero personalmente, creo que el sexo está sobrevalorado. Vamos a ver, que está muy bien, que conoces gente, que te entra un cosquilleo por la espalda muy agradable, pero no deja de ser algo que echas de menos cuando no tienes, pero que si lo tienes, entonces pasarás a echar de menos otras cosas, leer un buen libro sentado en un cómodo sillón, ver una buena película sin que nadie te moleste, tomar un whisky de malta en compañía de un par de buenos amigos.

Desde el punto de vista masculino (el único que yo conozco) es cierto que en ocasiones el hecho de tener una relación con una persona del sexo contrario te 'obliga' a realizar una serie de sacrificios que con la edad y el tiempo ves innecesarios. Estos van desde pagar una caja de botellines a tus amiguetes (algo con poca trascendencia) a pasar a convivir con una persona que aprieta el tubo de la pasta de dientes por el medio, algo muy molesto, porque todos sabemos que se tiene que apretar por el final, e incluso puede llegar al matrimonio (lo cual tiene bastante trascendencia, porque para empezar se te acaba el sexo además de muchas otras cosas).

En el fondo creo que todo se limita a que lo que necesitamos es superar una serie de retos impuestos por nosotros mismos, solo que en el caso que nos ocupa cuando nos queremos dar cuenta nos encontramos recogiendo a la suegra en la estación sur de autobuses al regresar de un viaje del inserso o comparando folletos de ofertas de diferentes supermercados, y todo eso sin contar con la necesidad de tener descendencia para que la especie no se extinga (como si a mi me importase la especie) dando por supuesto que esa descendencia tiene que ser bilingüe, saber nadar a mariposa y tocar el clarinete, con lo que no te queda otro remedio que acompañarles a infinidad de tareas extraescolares, dejando el tiempo que puedes ocupar en ti mismo en uno o ninguno.

A pesar de todo y como decía el maestro, donde esté una buena corrida, que se quiten los toros.

Pepote

domingo, 7 de agosto de 2011

La prima de riesgo...

Abrumado por el aluvión de informaciones que nos asaltan desde los medios de comunicación, he salido de casa con la inquietud manifestándose en retortijones espasmódicos de tripas y un súbito tic que afecta al párpado de mi ojo izquierdo, y que me ha costado varias miradas sorprendidas de señoras y señoritas que, al cruzarse conmigo, han pensado que las requebraba de esta tan tradicional guisa.

Mi primera parada ha sido en el bar de Mariano, que, sin dejar de limpiar los vasos a base de salivazo y restregón con bayeta putrefacta, ha intentado convencerme de que la prima de riesgo es una que tiene su mujer, que es más fina que las gallinas, y a la que, por el peligro que tiene, la llaman así. Me he terminado el café, no sin escupir la nata y algo parecido a las patas traseras de una cucaracha, que Mariano dice que son posos pero yo no me lo creo, y he salido de nuevo a la calle con más confusión que traía y, por que no decirlo, arcadas del asco que me ha dado el "tropezón" y la oferta de presentarme a la susodicha.

Nepomuceno, el kioskero, futbolero recalcitrante, me ha ofrecido otra explicación. Esta es una chica de Donostia, hija de una hermana de la madre de Asier Riesgo, portero muchos años de la Real Sociedad y que actualmente milita en el Osasuna. Pero no ha podido explicarme en que se basa la afirmación de que está fuera de control, y lo ha resuelto diciendo que las chicas de ahora están todas disparadas y que ya no quedan hembras como las de antes.

Me he acercado a la caja de ahorros, por ver si el director, Dionisio, podía ilustrarme en la materia. De una breve entrevista con él he obtenido dos resultados: que "prima" es el femenino de "primo", que es  una de las formas en que tanto financieros como delincuentes comunes llaman a los "julais" y riesgo es el que he asumido yo al entrar tan alegre a una entidad crediticia, y la evidencia es la firma de un contrato por el que les cedo todos los intereses que genere mi cuenta corriente en los próximos setenta años a cambio de una sartén, muy bonita, eso sí. Dioni dice que eso es otro invento para acogotar al personal y que para prima la que cobra él por "asesorar" a pardillos como yo.

Así que me he quedado un rato sentado en un banco del parque pensando que quien me manda tratar de desentrañar los arcanos de la economía globalizada. Al rato, un anciano que decía llamarse Ricochet, o Pinochet, no, creo que Trichet, se ha sentado a mi lado y, sin dejar de hacer migas una barra de pan duro, me ha endiñado una conferencia sobre lo poco que le queda para jubilarse y lo que se ha divertido todos estos años haciendo declaraciones desconcertantes por el mero placer de ver como palidecían ministros de finanzas y jerifaltes de agencias de calificación. No le he entendido nada y me ha puesto la cabeza como un bombo. Y encima me ha cagado una paloma que venía a por el cuscurro de la barra.
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