
Me asomé al balcón. Desde el séptimo piso se veían aún algunos coches circulando y pocas ventanas encendidas en los edificios de alrededor. Tal vez velaba algún desgraciado como yo, que en mitad de la noche rumiaba su angustia en silencio, sin saber qué hacer. Me venían ganas de saltar al vacío y terminar con todo. Un avión cruzó el cielo hacia el oeste; cuánta gente viajaría en él, ignorante del sufrimiento, de esa tensión insoportable que me oprimía. Pensar en la felicidad ajena me enfureció, y lo que es peor, me hizo sentir pena de mí mismo. ¿Era pena o compasión? No, ahora lo sé, era rabia. Una rabia que percutía en mi cabeza por no haber sido capaz de dominar aquella situación. Volví a mirar hacia abajo. Entonces me llegó desde el dormitorio la voz de Clara.
- Anda, bobo, vuelve a la cama y no te preocupes, esto le puede pasar a cualquiera. Luego lo intentamos otra vez.
y el día...
ResponderEliminarno te preocupes, siempre te quedará el Cialis...
Es cierto, a todos se nos ha cortado la mahonesa alguna vez al hacerla. ¿ O hablas de otra cosa, Rick ?
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