lunes, 16 de diciembre de 2019

Segundo Premio del VI Concurso de relatos hiperbreves ma non troppo “La siguiente la pago yo”


PROMESA CUMPLIDA

Un oscuro callejón con olor a meado y a vómito de borracho me llevó hasta un destartalado portal. Llamé a gritos, no había timbre. Al rato, una mujer se asomó por entre los barrotes de una vieja escalera.
    —¡Buenos días, señora, busco a doña Francisca Sánchez! —le grité.
—No hace falta que chille, leche, que no estoy sorda. ¿Y para qué coña me busca usted?
Me presenté. Andrés, voluntario en una ONG que asiste a enfermos terminales, y que antes de morir victima del sida, le prometió a su hija Ana Mari, que cumpliría su último deseo: procurarle un poco de paz a su madre los últimos años de su mísera vida.
     —Pobrecilla, que disgusto —dijo sin ningún sentimiento.
    —Su hija me dijo que lo que usted más necesita es vivir tranquila, sola —le dije.
    —Y que lo diga usted, joven, que el Pepe, el padre de la Ana Mari, me viene borracho todas las noches. ¡Y la que lía! Y mi hijo, el Rafita, vaya alhaja, madre mía, entrando y saliendo del psiquiátrico con la misma frecuencia que entra y sale su padre del bar, que los médicos no hacen más que atiborrarle a pastillas, para nada, porque cada dos por tres le da el siroco y arrasa con todo —. Y cambiando de tema me dijo—, pero suba usted y pase para dentro, que me he dejado las lentejas en la lumbre y se me van a quemar.
El piso olía a meado, a vómito y a lentejas socarradas. Desde la cocina escuché al tal Rafa vociferando obscenidades y al padre, con voz estropajosa, insultándole y mandándole callar.
Convencí a doña Paca para dar un paseo. Caminamos por callejuelas sucias y oscuras. La mujer se encontró con algunas vecinas y yo, con la excusa de ir a comprar tabaco, volví al piso. La puerta estaba abierta y habían cesado los gritos. Saqué una navaja. Sobre una cama revuelta, el Pepe roncaba como un gorrino. Le apuñalé en pleno corazón. El Rafita ni siquiera me oyó entrar en su habitación. Le clave la navaja en el pecho. Alcé los cuerpos, los arrastré hasta la ventana y los empujé sobre el montón de basura que se acumulaba en el descampado detrás del bloque. Jamás he visto ratas como las que allí se revolcaban.
    —Ay, doña Paquita, no se lo va a creer —le dije más tarde, ya de vuelta a casa—. Antes, me encontré con los del psiquiátrico, que se han llevado al Rafita, que van a probar un nuevo tratamiento en una clínica del extranjero y que me han dicho que mejor que no se comunique con él en un tiempo, unos dos o tres años. ¡Ah! Y de paso se han llevado a Pepe, que también tienen cura para alcohólicos…
— ¡Que cosa tan rara…!, y luego dicen que la Sanidad va mal en este país. 
— Y ahora se echa usted un rato, que, mientras, yo le pongo en lejía las sábanas, que están ya muy rozadas.

martes, 10 de diciembre de 2019

Primer Premio del VI Concurso de relatos hiperbreves ma non troppo “La siguiente la pago yo”



CARSHARING

Reconozco que no soy un gran aficionado a compartir nada, y desde ahora lo seré menos aún. Darme de alta en la aplicación fue un suplicio, y tuve que enviar hasta una radiografía de mis dientes, pero lo conseguí. Caminé varias manzanas, menos mal que esto no es Nueva York, y por fin me encontré ante mi reto tecnológico, había dos iguales, me subí en el de atrás. Leí todas las pegatinas y creí ponerlo en marcha, porque no sonaba, pero se movía. El coche tenía un olor dulzón a perfume de mujer mezclado con tabaco, parecía que hubiesen derramado un bote entero… Lo haré constar en la aplicación.
Me movía en el tráfico con la soltura que tienen los coches pequeños. Subiendo por Génova, atasco. Avanzábamos lento, los carriles se redujeron a uno, y al llegar a Alonso Martínez, control de Policía. ¡Qué pereza! Ya solo me quedaban dos. Despacio. Me mandaron al lateral, los demás siguieron. Trámites de papeleo, revisaron mis documentos y los del coche, llamaron por la emisora… ¿Podría bajar del vehículo? Me bajé y me escrutó. Después inspeccionó el coche, abrió el maletero, se giró y vomitó. Me acerqué y vomité. Se giró y me encañonó. Desde ahí todo sucedió muy rápido, los nervios, el mareo y la imagen de aquella mujer mirándome inerte, no me ayudaron a ser consciente de lo que sucedía.
Con lo que me cuesta salir bien en el fotomatón, y en comisaría me hicieron tres fotografías sin miramientos, sin dejarme posar. Miraba los dedos manchados de tinta, recordando los rotuladores del colegio, y sin parar de reclamar mi inocencia. Clara llevaba desaparecida un par de días. Sus compañeras de piso y profesión habían denunciado el hecho sin mucho éxito. Alguien de perfil parecido al mío, en un coche similar, había sido el último cliente aquella noche. Amor en riesgo de muerte por 30 euros.
El abogado de oficio, un sesentón con boquita de piñón hizo su aparición. No venía solo, le acompañaba una becaria, una pasante de todo. Les conté la historia varias veces, me preguntaron por la mujer, que si la había estrangulado con el panty, que era mejor que dijese la verdad, que todo se sabría. Después de una hora Beatriz, la asistente, me pidió que volviese a explicar cómo había sido el proceso del alquiler, otra vez, otra vez, a la cuarta se levantó y salió de la sala. Me apretaban las esposas. Esperamos un buen rato, y un poco más. Entró un oficial de policía, me soltó y me dijo que no habría ni cargos ni ficha de la detención, sin disculpas.
En la calle, la flamante abogada explicó que habían podido comprobar con mi smartphone que el alquiler del coche no se había ejecutado. Me había subido en el coche que no era. Ella, usuaria pro, se dio cuenta que no había mencionado pasos cruciales previos, como comprobar la carrocería o abrir el coche, al parecer se encienden los intermitentes. Agradezco, me despido y cojo un VTC. Al subir reconozco ese olor dulzón, el conductor se gira y me mira. Escalofríos.

Javier Nombela Olmo

miércoles, 27 de noviembre de 2019


Andaba solo por los bares. Sus amigos ya no estaban, no sabía si barridos por el tiempo o por su imbecilidad. Buscando un placebo, intentando robarle un beso a la tristeza. Suponía, asomado  al balcón de su copa, que cada acción trae indefectiblemente su reacción, y esta era la consecuencia irremediable del anhelo estúpido de querer vivir siendo un eterno adolescente. El síndrome de Peter Pan. Si no maduras, no encontrarás tu lugar en el mundo, le decían los sabios. Si maduras, será a costa de matar al niño, le decían los locos. Pero él necesitaba los ojos del niño, la alegría del niño, su curiosidad, su pasión, hasta su torpeza inocente y su rubor candoroso.


Andaba solo por los bares. Aunque, a diferencia de Peter Pan, ni su sombra le acompañaba.

Rompió a reír mirando una antigua cartografía que adornaba la pared del bar, incrustada en mitad del espejo interminable que recubría la trasera de la barra. Rompió a reír al ver su cara y el mundo, al comprobar la insignificancia definitiva de su existencia y la nimiedad absoluta de la existencia de la especie humana.


sábado, 23 de noviembre de 2019

Entrega de Premios del VI Concurso de Relatos



La gente práctica, lógica y sensata, diría que esto es un sindiós, que hay que estar chalado, con la que está cayendo, para meterse a organizador de concursos sin ánimo de lucro y, parafraseando a los Dupont de Tintín,” ¡yo aún diría más!”, con lucro cesante.

Pero la literatura siempre fue un lugar donde brilló por su ausencia la gente práctica, la lógica y la sensata, que no en vano el número uno del escalafón resulta ser un tal Alonso Quijano, nacido en un lugar de La Mancha de cuyo nombre…no consigo acordarme, que la edad no perdona. Líbrenos la cordura de caer en el pecado de la soberbia y comparar una aventura con otra, Pero cada uno en su escala, que los que aquí participamos andamos pelados de adargas antiguas y galgos corredores, y en vez de Rocinantes viajamos en metro, hay mucho de aventura en las dos cosas.

Desde el 2012 llevamos metidos en este lío. Y el concurso va ya por su sexta edición y, me juego corderos contra pajaritos, habrá más, aunque no mejores, porque a los hijos
se los quiere a todos por igual y ayer bautizamos al último, y hubo celebración.

Me paso a la primera persona, que cada maestrillo tiene su librillo, aunque creo que mis cofrades suscribirán en buena parte lo que cuento a continuación.

Ayer culmina un recorrido lleno de gratificaciones (y alguna cerveza que otra, no nos engañemos) que, una vez más, me llena de pasmo y de alegría. Más de un centenar de personas descubren la convocatoria de un concurso de relatos parco en premios, corto
de repercusión y con unas bases esperpénticas y se tiran a la piscina del escribir desde el trampolín más alto. Por el puro y simple placer de escribir. Nada menos. Y a uno se le llenan los ojos de lágrimas y entona aleluyas al pensar que aún hay esperanza en el mundo desesperanzado, y que hay muchos que quieren vivir dos vidas, la propia y la de los personajes, y que lo hacen sin más guía que la pasión.

El agradecimiento a los premiados, que además acudieron a la cita y aportaron sonrisas y simpatía. Y no menos agradecimiento a cada uno de los participantes, porque es verdad aquello de que lo importante es participar, sirva el sexo en pareja como ejemplo, que participar ya es haber vencido, como mínimo, a la desidia, a la indiferencia y al pudor. Todos son ganadores. Gracias.

La segunda parte, y me tomo la libertad de mirarme el ombligo, cuestión cada vez más complicada debido a la edad, a la vida sedentaria y a la pasión por la panceta y viandas similares, es el agradecimiento a los caballeros y damas andantes que participan en la organización. Es de admirar la parte física de presentar el reclamo al concurso, de recepcionar y distribuir los relatos, de convocar las reuniones y de hacer posible un evento final en un lugar tan lleno de aroma a tinta y papel como el Ateneo.
Pero la parte donde me emocionan, donde se transforman en personajes mitológicos, es a la hora de determinar los ganadores. Cada uno defendiendo las virtudes de sus seleccionados, releyendo una y otra vez para formar un juicio, con la pasión de un amante furtivo y la responsabilidad de un juez equitativo. Estos seres humanos aman las letras, háganme caso, y eso es imposible de pagar, ni en efectivo ni con tarjeta ni con un cheque al portador, se lo aseguro.

Dicho esto, y como decían en la televisión antiguamente, permanezcan atentos a la programación, que esto continúa y sería una pena no contar con su presencia en lo que esté por venir.
Gracias a todos. Y la siguiente está pagada, ya saben.



sábado, 26 de octubre de 2019

Diplomo del VI Concurso de relatos hiperbreves ma non troppo “La siguiente la pago yo”


Como es tradición en este concurso, además de los ganadores, todos los participantes recibirán un Diplomo.
En esta edición, al igual que en la 4ª, hemos contado con la generosidad del pintor Fernando Vicente, que nos ha permitido utilizar su ilustración de J.D. Salinger, cuyo centenario se conmemora en este año.
Es un placer para nosotros combinar de algún modo las artes, y un honor que lo podamos hacer con un gran artista como Fernando Vicente, al que estamos profundamente agradecidos.
Aquí tenéis el diplomo, esperamos que os guste. En las próximas semanas los enviaremos a todos los participantes.

martes, 22 de octubre de 2019

Entrega de premios del VI Concurso de relatos hiperbreves ma non troppo “La siguiente la pago yo”

Queridos amigos, tenemos el gusto de comunicaros que la entrega de premios del VI Concurso de relatos hiperbreves ma non troppo “La siguiente la pago yo” tendrá lugar el próximo viernes, 22 de noviembre de 2019, de nuevo en un entorno de lujo como el Ateneo de Madrid (calle Santa Catalina, 10), donde podremos respirar en el mismo lugar en que lo hicieron insignes literatos (que nos perdonen por la osadía).
La solemne ceremonia se celebrará a las 22:30, pero estaremos por allí desde un rato antes, hacia las 21:30, para poder charlar con unas cervezas en la mano.
Durante el acto mantendremos nuestras costumbres, de leer los relatos ganadores, y de convidar a los asistentes a una cerveza.

Esperamos contar con vuestra presencia.

martes, 8 de octubre de 2019

Fallo del VI Concurso de relatos hiperbreves ma non troppo “La siguiente la pago yo”


En primer lugar, hemos de hablar de retrasos y de retrasados. Los retrasados somos nosotros, que hemos tenido un pequeño retraso en llegar a un fallo, y por ello pedimos disculpas.
Pero cada santo tiene su novena, y aquí está el veredicto del Ilustre, Abnegado e Iridiscente Jurado, que tras unas duras (incluso muy duras) deliberaciones ha decidido, por unanimidad, conceder los siguientes premios:
Primer premio del VI Concurso de relatos hiperbreves ma non troppo “La siguiente la pago yo” al relato titulado Carsharing, escrito por Javier Nombela Olmo.
Segundo premio del VI Concurso de relatos hiperbreves ma non troppo “La siguiente la pago yo” al relato titulado Promesa cumplida, escrito por Pola Gutiérrez Alegre.
Tercer premio del VI Concurso de relatos hiperbreves ma non troppo “La siguiente la pago yo” al relato titulado El asunto se complica, escrito por José Rodríguez Escobar.
El Jurado y los organizadores dan la enhorabuena a los ganadores, y agradecen a todos los participantes la generosidad de compartir sus relatos con todos nosotros.
Los relatos ganadores serán publicados en los próximos días en el blog “La siguiente la pago yo”.
La entrega de premios tendrá lugar en una fecha que se anunciará en breve, en este mismo medio, y a ella están invitados los ganadores, todos los participantes de esta y anteriores ediciones, y todos los amigos que deseen acompañarnos. Como es habitual, se leerán los relatos ganadores mientras damos cuenta de unas cervezas.
Muchas gracias a todos, y de nuevo, felicitaciones a los ganadores.
Licencia Creative Commons
La siguiente la pago yo por Rick, Diógenes de Sinope y Albert se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.