martes, 8 de febrero de 2011

De ratones y hombres

No tengo muy claro el motivo, pero el caso es que la mayoría de los libros que más me han llegado y de los que más recuerdos tengo, son aquellos cuyas historias son depresivas, aquellos que según terminas de leer se te quitan las ganas de tener ganas. Pues bien, es el caso de esta novela de Steinbeck. Ambientada en la época de la gran depresión de EEUU, cuenta la historia de Lennie, un tipo como un oso pero con la mente de un crío de 6 años y George, el típico listillo que se sabe buscar la vida. Vagan de un lado a otro y tan solo quieren trabajar porque tienen un sueño, ser dueños de un rancho.
Ante todo es una historia sobre la amistad, para mí una de las cuatro cosas importantes que hay en la vida y la necesidad de tener sueños para que el hecho de levantarte por la mañana tenga algún sentido.
Muy recomendable, intensa, dura y fácil de leer.


Pepote.

Liam

Liam es un irlandés de la mismísima Irlanda. Trabaja en un bar de la calle Alcalá, sirviendo pintas y menús del día a ejecutivos, intelectuales, turistas y algún que otro despistado como yo.

Liam siempre está contento... y eso que es del Atleti. Con el fútbol y una de las maravillosas gorras que me regaló Raquel empezó a fraguarse nuestra amistad. Una gorra auténtica del Liverpool, comprada en Anfield, donde miles de gargantas cantan "You'll never walk alone". En cuanto la vió, me preguntó. Le expliqué que me la había traído de allí una amiga, y nos pusimos a hablar de la Premier. Y luego de la Liga.

Liam cuenta que, cuando llegó a Madrid, fue a ver un partido al Bernabeu con su novia, merengue de siempre. Y luego fue al Calderón y se hizo del Atleti, porque el fútbol en el Manzanares se vive con mucha más pasión. Yo, que ya llevo sufrido lo que no está en los escritos, traté de advertirle de que, pudiendo elegir, se ve mejor fútbol en Concha Espina y sale uno,como mucho, a dos o tres disgustos al año, y que el hecho de que el Estadio de Don Vicente esté tan próximo al Paseo de los Melancólicos no es nada casual. Pero él insistió en lo del calor de la grada. Y siguió siendo del Atleti.

Cuando te conoce, Liam te saluda con un abrazo. La primera vez te desconcierta tanta afabilidad. Pero luego descubres que no es una pose, que él es así, y que los clientes que son amigos son amigos y los amigos de mis clientes son mis amigos.

Y tiene una sonrisa casi permanente, y sólo le cruza un gesto de preocupación pensando en el Inglaterra-Irlanda del Torneo de las Cinco Naciones más Italia ( me gusta la terminología clásica, no tengo nada en contra de los transalpinos, Bergamasco incluido, que quede claro ). Pero enseguida se le pasa y vuelve a sonreir. Y siempre me voy pensando que se puede ser, como decía Aberasturi, moderadamente feliz. Basta con media pinta, un amigo, una buena conversación y la sonrisa de Liam como decorado.

Buenos días y que los vientos soplen a vuestro favor.

lunes, 7 de febrero de 2011

La estrategia del agua


Historia marrón ambientada en la picolicie. Tal vez así definiría esta novela el brigada de la Guardia Civil Bevilacqua, Vila para los enemigos, protagonista de esta y de otras muchas de la serie, junto a la sargento Chamorro.
Una de las virtudes de la escritura de Lorenzo Silva es la cercanía que, sin que merme la credibilidad, hace llegar al lector. La época en que vivimos, con todas sus miserias, sus problemas con la justicia y con la ley, la economía, la política y el politiqueo de las instituciones, quedan retratadas con nitidez al amparo de una historia con crimen, como mandan los cánones negros. Vila es un escéptico con un punto de ternura y una buena dosis de amargura resignada en el que muchas personas de nuestro tiempo se pueden reconocer, por mucho que no sean guardias civiles.
Pero no se lleven a engaño, a pesar de ser de lectura ligera y muy gratificante, contiene mucha filosofía, aunque sea urbana.

La estrategia del agua – Lorenzo Silva
Ediciones Destino, 2010. 377 páginas.
http://www.bevilacquaychamorro.com

Sólo una muerte en Lisboa

Nadie debe morir en Lisboa, una ciudad de vida. Pero una joven es asesinada, y abre el armario en el que se ocultan otros muertos, muertos antiguos y olvidados. Y al Inspector Zé Coelho la muerte ya le ha castigado donde más duele, y la muerte le obsesiona.

Zé Coelho es bueno, como los buenos de las películas de los años treinta, y sufre, porque los buenos sufren. Y se enfrenta a la maldad en presente y a la maldad en pasado, y una maldad superlativa, sin escrúpulos, que viene de tan antiguo... De cuando un hombre se creyó Dios y otros otros hombres le creyeron a él.

Una novela extraordinaria y dos personajes, bueno y malo, no menos extraordinarios. Y al final, pirueta con doble mortal con tirabuzón. Para no perdérsela.

Bergamasco y la derrota


Primera jornada del torneo Seis Naciones de rugby, se enfrentan Italia e Irlanda en el Stadio Flaminio de Roma, abarrotado. Italia es la selección más nueva en este torneo, y nunca ha vencido a Irlanda, por lo que sus partidos mantienen la certidumbre de la derrota, aunque los espectadores alientan la débil esperanza de que aunque parezca imposible, alguna vez puede suceder el milagro.
Irlanda va ganando por 6 a 10, pero a 8 minutos de la conclusión y con un jugador menos, está sufriendo un empuje entusiasta de los italianos, que se traduce al final en un ensayo cuando solo faltan 4 minutos. 11 a 10. Mirco Bergamasco, el 11 italiano, falla la transformación. El marcador queda en 11 a 10.
No sé por qué, muchos jugadores de rugby tienen nombres que parecen escogidos a propósito para parecer personajes, a veces héroes: Bergamasco, Lo Cicero, Harinordoquy, Lagisquet. Quizás esto también forma parte del romanticismo de este deporte.
Tan solo restan 2 minutos para que Italia consiga lo que nunca habría soñado.
En ese momento, a pesar de la inferioridad numérica, otro con nombre de héroe, Ronan O’Gara consigue un drop que pone por delante a Irlanda: 11 a 13. Resultado final. Si Bergamasco, un buen pateador, no hubiera errado esa transformación, el empate al menos habría dado más esperanza a los italianos.
Es la historia de siempre, no es el rugby, es la vida. Creemos que nos está pasando algo grande, que por increíble que parezca somos nosotros, sí nosotros, los que vamos a ganar, y cuando casi estamos empezando a creérnoslo y a saborearlo, la realidad nos pone en nuestro sitio y nos devuelve a la derrota. Y eso por mucho entusiasmo y nombre heroico que queramos tener.

domingo, 6 de febrero de 2011

Perros y coches

Me comenta un amigo que, según parece, si la policía te sorprende circulando con tu perro suelto por el interior del habitáculo del coche, te multa con 600 euros y te retira seis puntos del carnet. Y no me parece mal, si el animal va sin cinturón, por el peligro que eso representa para su seguridad, pero lo de que no pueda ir en la zona reservada a pasajeros... Es el momento de romper una lanza a favor del canis vulgaris. Supongamos que yo tengo que viajar de Madrid a Cádiz, y sustituyo a los ocupantes habituales por perros con el cinturón puesto. Ello me reportaría las siguientes ventajas:

- Los tiempos de conducción los decido yo: nunca he visto a un perro repetir cada seis kilómetros "Papá me hago pis". El perro mea cuando le bajas del coche y punto.
- No dan conversación. Sacan al lengua y jadean, pero no te ponen la cabeza loca con debates estériles sobre si el niño debe hacer la comunión vestido de almirante de la VI Flota o de San Cucufato de Lombardía, como el abuelo, ni con las enésimas evoluciones del pokemon, que culminan en que un gorrión acabe convertido en un Godzilla plumífero, todo ello mientras tú tratas de averiguar si esa porquería de carretera secundaria lleva a Cádiz o a Sebastopol.
- Ningún perro aporta criterios de selección musical. Tú puedes llevar al perro hasta las Chimbambas Inferiores escuchando a los AC/DC sin manifestación alguna en contra.
- Del mismo modo, jamás manipulan el dial de la radio. Pones la Cope, y al perro le va bien. Pones la Ser, y tres cuartos de lo mismo. Les da igual Federico Jiménez Losantos que Carlos Carnicero, lo que demuestra un grado de inteligencia muy superior al de los humanos.
- De ninguna forma organizarían un motín en la parte trasera, con la excusa de imponer sus gustos cinematográficos en la elección del maldito DVD. A los perros les puedes enchufar "Resident Evil"  o la última de Nacho Vidal, que ellos siguen impasibles. Y ojo que a mí cualquiera de las dos me da miedo. Y la segunda, además, envidia.
- Si se duermen, no roncan.
- No dan indicaciones de dirección, basadas en borrosas intuiciones. Si les pasas un mapa, no localizan nada, igual que los copilotos humanos, pero te ahorras la incomodidad del despliegue y repliegue del mismo, la manipulación torpe del GPS ( que a partir de ese momento te repite durante tres horas que vuelas a una altitud de 6000 pies, que busques una pista de aterrizaje cuanto antes y que realices la maniobra de aproximación al aeropuerto a menos de 80 kilómetros por hora, al existir un radar fijo en ese punto, todo ello con esa voz imitación Bela Lugosi acatarrado ) y las invectivas sobre tu nulo sentido de la orientación y tu falta de capacidad para elegir la cartografía.
- Preguntas como "¿ Cuándo llegamos ?" o " ¿ Cuánto queda ?" desaparecen del folklore viajero.
- Nunca contribuyen con sugerencias sobre el bar de carretera donde comer ( ese en el que hay muchos camiones, lo que significa que está lleno de camioneros comiendo y no hay mesas ) ni de en que estación de servicio repostar ( que le han dicho que los baños están impolutos, aunque luego resulten tener el suelo como el pantano de San Juan y los sanitarios menos sanitarios del hemisferio occidental ). Añadido que no compran Miguelitos de la Roda ni queso de la tierra a precios de boutique de lujo del Sultanato de Brunei.
- Jamás se acuerdan de haber olvidado nada en el bar en que tomamos café al salir de Madrid, durante el descenso del Puerto de Despeñaperros, momento en el que las ganas de despeñar del conductor no se dirigen precisamente a los cánidos.
- Permanecen impávidos mientras insultas al dominguero del R-6 que se ha incorporado sin mirar a la autovía, y te evitas incómodas explicaciones sobre lo que significa "bastardo" y sobre como podrías defecarte en la calavera del conductor del vehículo en cuestión.
- Y, por último, pero no menos importante, nunca dejan resbalar sobre tí una mirada inquisidora si te hurgas las fosas nasales.

Seguro que hay muchos más argumentos, pero estos, a mí, me parecen más que suficientes. Instemos a la DGT a cambiar esa norma injusta y vivamos más felices.

Buenas noches, y que la suerte os acompañe.

La forma del agua

El título suena a anuncio con Bruce Lee en blanco y negro... "Be water, my friend...". Y algo de eso hay. Porque Salvo Montalbano, Salvù para sus amigos de la Catania, sabe adaptarse. En esta aventura se adapta a ricos, a pobres, a corruptos, a mafiosos, a policías y políticos, a putas, a damas, a noches en blanco, a un amor en la distancia, a los guisos de su idolatrada Adelina, a cadáveres grotescos y a abogados despiadados.

Montalbano es, sin quererlo,  un seductor maduro, un detective maduro, un hombre en la madurez, en una tierra tan madura que guarda en su seno los huesos de griegos, cartagineses, romanos, bizantinos, normandos, catalanes y aragoneses, árabes, italianos, alemanes, británicos y americanos. De todos hay algo en Salvo y a ninguno se parece, mascullando en su dialecto. Y como siciliano, es maestro en la defensa y ágil como un alfil.

Me gusta la novela, que además tiene otra ventaja: es corta. Lo bueno, si breve....
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