
Montalbano es, sin quererlo, un seductor maduro, un detective maduro, un hombre en la madurez, en una tierra tan madura que guarda en su seno los huesos de griegos, cartagineses, romanos, bizantinos, normandos, catalanes y aragoneses, árabes, italianos, alemanes, británicos y americanos. De todos hay algo en Salvo y a ninguno se parece, mascullando en su dialecto. Y como siciliano, es maestro en la defensa y ágil como un alfil.
Me gusta la novela, que además tiene otra ventaja: es corta. Lo bueno, si breve....
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