lunes, 4 de agosto de 2014

La luz de los deseos

Cuando la noche aun no terminaba, la estrella de los deseos  reflejó en mí su luz; el silencio llenó el momento, solo mi respiración se escuchaba. Una oportunidad entre mil millones, se  había presentado y yo ahí paralizado y sin pensamiento; ¡Dios, la luz está desapareciendo y no puedo pensar en ningún deseo!; quizás esa luz no era para mí, no sé si alcancé a desear algo, lo único que sé es que solo el camino me llevará al destino de la jungla de la esperanza.


Derenue

domingo, 3 de agosto de 2014

IBN HAZM DE CÓRDOBA



¡Vete en mal hora, perla de la China!
Me basta a mí con mi rubí de España.

          El gran filósofo español Ortega y Gasset, el hispanista Ian Gibson y el arabista Emilio García, entre otros, lo encumbran en las más altas cotas de la lírica española.

          Nació en la Córdoba del 994 en el seno de una familia pudiente y ya de pequeño mostraba dotes poéticas. Le tocó vivir tiempos difíciles con la crisis del califato y el desmembramiento, que dio lugar a los reinos de taifas.

          Contra viento y marea éste intelectual andalusí, más conocido fuera que dentro de nuestras fronteras, pasó su vida comprometido con diferentes causas sociales que le depararon múltiples desgracias personales. Se vio obligado a trasladarse de un lugar a otro, siempre por motivos políticos, denunciando las injusticias y proclamando el entendimiento entre la élite y el pueblo.

          Escribió sobre la vida cortesana y gracias a él sabemos que hubo bastantes emires y califas de tez y pelo rubio, en contra de la creencia general de que todos los árabes eran morenos.

          Su obra más destacada es El Collar de la Paloma, tratado sobre el amor y los amantes, traducido a varios idiomas. Basta ojearlo para ver la sensibilidad del poeta.

Era una muchacha sin cuya vecindad perdería la vida.
¡Ay de ti! ¿es que es pecado este anhelo de vivir?
Yo, ella, la copa, el vino blanco y la oscuridad.
Pareceríamos tierra, lluvia, perla, oro y azabache.

MARAVÍLLATE DEL QUE DUDA ESTANDO SEGURO


El Andalusí

viernes, 1 de agosto de 2014

Una oportunidad

Las cosas no iban bien. No estaba contento con nada. Hacía tiempo que una sonrisa había modificado su cara.
 Ni entendía, ni le entendían. Tampoco es que él se entendiera a sí mismo. Realmente es que no entendía nada.
 Era necesario un cambio.
 Eso sí lo sabía, eso sí lo entendía. Pero ni sabía cómo, ni tenía fuerzas para encontrar el cómo ni tenía idea de qué sería ese como que le reconcomía y le comía la capacidad de imaginar, de buscar, de encontrar…
Pero quería un cambio. Lo necesitaba. Lo deseaba con todas sus fuerzas.
 Y, mientras, nada podía hacer.
La impotencia le dominaba, le indignaba… pero nada podía hacer.
¡Quería un cambio!
Y una mañana, en el aseo matinal, mirándose al espejo se preguntó: ¿Quién es ése?:
Quien le devolvía la mirada en el espejo, no era él.
¿Le había dado la vida una oportunidad?


MAN

jueves, 31 de julio de 2014

Recuerdos

Algo penetró el silencio y sus ojos se quedaron congelados un instante.
De repente, todos sus recuerdos habían regresado.
Se apresuró a escribirlos con la firme convicción de jamás volver a olvidarlos; sus ojos se llenaron de lágrimas a medida que miles de imágenes llegaban a su cabeza, su mano no se cansaba de escribir, estaba decidida a no olvidar.
El papel se empapó de llanto y las letras comenzaron a tornarse en manchas. Suspiró para continuar su tarea, pero lo había olvidado, y la mancha negra en su papel también lo había hecho.


Elizabeth Cuartas Fernández

martes, 29 de julio de 2014

La inspiración

En un pueblo pobre colgado del techo, estrellado por arriba y por abajo, magullado a porrillo de este a oeste por meteoritos, estalactitas, estalagmitas y más que nada por reyertas de reyes retrecheros y casquivanos, bellacos y vergajos, de esos jayanes impenitentes que arman jaleo y luego de armarlo dejan que sus vasallos, los más miserables, los que no tienen pernada que ofrecer se despellejen y tasajeen por mor de sus joputas haciendas y conveniencias, allí, en ese pueblo inclinado y más exactamente en la calle más tenebrosa de su arrabal mi tío Chucho Segundo comenzó a graznar, a despachar parábolas y metáforas a diestra y a siniestra, muy bien sazonadas las condenadas, eso no se le puede quitar, a aventar odas y sonetos para embrujar y reclutar en su grey a La Bartola y a La Maricastaña, a lanzar pedradas en pleno ojo al usurero y al matutero, a despedir discursos y peroratas, qué cuento de peroratas, puñaladas traperas al rabino y al arzobispo, al poder político y al poder eclesiástico, qué Chucho tan machucho y tan imponente era mi tío, nuestro predicador, magullado y magullador al mismo tiempo, estrellado y estrellador, que aunque segundo, no se conformaba con arengar, al cabo era obligatorio encender la mecha, en la mezquita o en el tablado, en fiesta pagana o en fiesta de guardar.
Dicen sus seguidores, los del Twitter y los de a pie, que en ese pueblo empinado, en fiesta de San Juan, bailando el merengue y el chucu-chucu Segundo conoció a aquella deidad tan flaca y tan Titicaca que le quitó el resuello para siempre. Por ella y para ella se dejó de monsergas y de graznidos. Por ella y para ella y para que le pareciera aunque él pereciera, dibujó las Líneas de Nazca. Dicen los hocicones que vienen diciendo desde atrás que las trazó inspirándose en cada pliegue secreto del hueco de su culo, el de la Titicaca, moreno, untuoso y apetitoso, libre de magulladuras de meteoritos, estalactitas y estalagmitas. Y lo mejor, sin derecho de pernada y libre también de empréstitos de usureros, joputas y matuteros.

Madame Fritanga

viernes, 25 de julio de 2014

Chamartín

Andén 12. Llegadas: Salamanca, 18:15 horas.
Cojo mi maleta y bajo del tren. Delante, una señora cargada de kilos para adentrarse en la vida que detrás de Chamartín le aguarda.
Subo las escaleras mecánicas y se despliega ante mí el caos a hora punta. Decenas de personas transitan de un lado buscando horarios y vías que les acerquen a un momento de felicidad. Paneles informativos, cafés, maletas, máquinas expendedoras, zonas de espera, bocadillos, taxis, despedidas. Reencuentros.
Como un fin de semana más, permanezco unos segundos hasta tener valor para cruzar la entrada y salir a la calle. Se abren las puertas. Salgo. Aún es de día en pleno mes de junio. Y como un fin de semana más me siento a esperar en la terraza de enfrente. Una caña, por favor. Pronto, la misma rutina fuera de la rutina. Reencontrarte con la persona con la que llevas compartiendo media vida. La otra media se pierde en los días de diario. Sabiendo que ni entre semana ni los fines de semana vivo la vida como se merece.
Miro al frente. A través de las puertas automáticas se percibe el interior de la algarabía viajera.
Andén 14. Salidas: Córdoba, 18:35 horas. Y sin querer verle, sin querer buscarle ni querer encontrarle, aparece. Viene corriendo con una mochila, no necesita más equipaje. En menos de dos minutos sale su tren hacia el sur. Donde le espera ella. Hace un mes que le conozco. Trabaja conmigo desde entonces. Fue elegido a través de una entrevista telefónica que le dio acceso a una beca de varios meses. Una persona más en prácticas. Una persona nueva a la que enseñarle las dependencias, la organización del trabajo y su mesa. Pero desde su voz al teléfono hasta la última mirada cruzada desvelan que no. No es uno más.
Esta misma mañana, durante la primera conversación personal que teníamos los dos, coincidíamos que la distancia en medio de dos personas rompe con lo que les une. Ambos viajábamos esta tarde para impedirlo. Y ambos nos cruzamos en Chamartín. Rápidamente se pierde entre las escaleras que secundan al cartel del andén 14. El momento apenas ha durado unos segundos.
Y en ese instante, sé que no servirá de nada ni su viaje ni el mío. Las vías a veces se entrecruzan. Las vidas a veces también. En la siguiente parada, nos aguarda el mismo destino.


Mónica Gómez

jueves, 24 de julio de 2014

Arquitecturas


Cortó la cinta inaugural y el edificio se desplomó sobre ellos.


Diego Martín Píriz González
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La siguiente la pago yo por Rick, Diógenes de Sinope y Albert se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.