Recorriendo estos valles podremos disfrutar de buenos cañones, bonitos pueblos y algunos manantiales de aguas medicinales, además de zonas de baño bien acondicionadas que están muy concurridas en época estival.
Podemos empezas por el valle del río Mijares y, concretamente, por el pueblo de Onda, cerquita de la costa y de la ciudad de Castellón. El centro de esta localidad de Conjunto Histórico-Artísitico. Se trata de un casco urbano de casas blancas, encaladas en la ladera del castillo, de calles estrechas y rincones encantadores, como la Plaza del Almudín, llena de carcos ojivales y de medio punto, o el barrio de la Morería.
En lo alto, el castillo, bien restaurado y con buenos torreones cilíndricos, con magníficas vistas de la montaña, por la que nos adentraremos a partir de ahora.
Siguiendo el río Mijares, aguas arriba, llegamos a uno de los platos fuertes de la ruta: Montanejos. Pueblo muy turístico en épocas de buen tiempo, con un interesante casco urbano, en plena sierra, rodeado de altas montañas rocosas e inmensos pinares. Aquí el río, con sus aguas color turquesa, está jalonado de infinidad de piscinas naturales muy apropiadas para el baño, algunas con playa incluida. Destaca la Fuente de los Baños, que vierte al río sus aguas minero-medicinales a 25 grados de temperatura, lo que le hace un lugar de baño muy concurrido incluso cuando no hace calor.
Siguiendo la carretera llegamos al embalse de Arenoso, de gran tamaño, rodeado de altos roquedos. Cerca de la presa hay un cartel explicativo de cómo era la zona antes de construirse el embalse, haciendo referencia a los pueblos que quedaron anegados, a sus gentes, sus costumbres y sus fiestas.
Continuamos bordeando el embalse hasta llegar al cruce en el que sale a mano izquierda la carretera CV-207, que va en dirección a los pueblos de Los Calpes y Fuente la Reina, y acabará en Barracas. Son unos 20 kilómettros de mucha curva, pero que atraviesan una bellísima zona de montaña y pinares, y que nos sirve para pasar del valle del río Mijares al del Palancia.
Una vez en Barracas, tomamos la autovía que viene de Teruel en dirección a Sagunto, hasta llegar a Viver, siguiente parada en nuestra ruta. Además de darnos una vuelta por el pueblo, conviene hacer un paseíto bajando hacia el río Palancia para ver las Cuevas de Gallen y las preciosas pozas que sirven de piscina natural.
Volviendo a Viver, nos acercamos al colindante pueblo de Jérica. La parte alta es muy bonita, con casas blancas y calles estrechas, algunas llenas de tiestos, tomando un cierto aire andaluz. Subiendo, iremos a parar a la Torre de la Alcudia, impresionante torreón mudéjar fortificado, construido sobre lo que fue una antigua mezquita. Y subiendo un poco más, llegamos a un pinar en cuesta atravesado por una escalera de madera, al final de la cual estaremos junto a un torreón, vestigio del castillo que aquí hubo. Desde este lugar las vistas son magníficias: por un lado, todo el pueblo de Jérica y otros de alrededor; y por otro, el extraordinario cañón que forma el río Palancia, con paredones casi verticales de más de 200 metros de altura.
Siguiendo hacia Sagunto el siguiente pueblo es Navajas, donde haremos parada para bajar al río Palancia y contemplar la hermosa "Cascada de los Enamorados" que, aún con poco caudal, se descuelga en caida libre sobre unas bonitas pozas donde la gente se baña, y que sirve de punto de partida de una bonita ruta de senderismo por el precioso cañón rocoso que aquí se forma.
Continuamos ahora hasta Sagunto, ya en la provincia de Valencia, ciudad dividida en dos: Puerto de Sagunto, en la costa, donde está el puerto y toda la actividad comercial que conlleva; y el propio pueblo de Sagunto, unos 4 kilómetros tierra adentro, que es en el que nos centramos.
Subiendo un poco más llegamos a la fortaleza, impresionante recinto fortificado de un kilómetro de largo, que ocupa toda la cima de la meseta. Hay tramos de muralla que se pueden recorrer por el adarve, y también veremos los tres castillos que hay en su interior, uno en cada extremo y otro más en el centro, además de un pequeño museo arqueológico.
Ni que decir tiene que las vistas desde aquí son extraordinarias. Hacia poniente, las sierras del interior de Castellón, de las que veníamos; debajo nuestro, el Teatro Romano y todo Sagunto; y hacia el Este, el Puerto de Sagunto y el Mediterráneo, y la inmensidad del litoral hacia el norte, prácticamente hasta Castellón, y hacia el sur, prácticamente hasta Valencia, ciudades equidistantes desde aquí.
Y qué mejor manera de terminar nuestra ruta que dando un paseo junto al mar, por las inmediaciones de la desembocadura del río Palancia, que nos abrá acompañado de esta manera desde su nacimiento hasta su confluencia con el Mediterráneo.
Saludos.
EL RURAL
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